29 junio, 2008

Conrad, Vargas Llosa, Casament

Fuente: sicograffiti

Acababa de leer El corazón de las tinieblas (1902), y el primer sabor que me dejó, fue algo amargo. No porque la novela (nouvelle, cuento largo, etc, para los afanosos en centrar los géneros) haya sido mala, sino todo lo contrario. La amargura fue a causa de ese desasosiego al conocer al hombre. Y es que, la obra de Conrad, posee algo intrincado de explicar con un solo adjetivo, con una sola palabra. Mientras la leemos vamos entrando, lenta y detalladamente, a ese corazón oscuro; rodeado de selva lúgubre, de chillidos antropomórficos, de soplos de hojas, de ondulaciones de un río cómplice de muertes...
Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), hijo de un revolucionario polaco, nació en Polonia (actualmente Ucrania). Ingresó a la Marina mercante inglesa, le otorgaron el certificado de patrón de buque y obtuvo la nacionalidad británica en 1886; al cabo de unos años cambió su nombre para que sonara más inglés. Durante la década siguiente navegó mucho, sobre todo por Oriente.
Joseph Conrad, fue un escritor tardío, es cierto. Sin embargo, y lo confirman estudiosos, sin esa experiencia como marinero, jamás hubiera escrito El corazón de las tinieblas. La experiencia, especialmente en el archipiélago malayo y en el río Congo durante 1890, fue determinante. Su edad, acaso la indicada, fue la necesaria para elaborar una de las narraciones más logradas del siglo XX.
Luego de leer El corazón …, tomé el ensayo que MVLL hace sobre la novela, titulado Las raíces de lo humano, en La verdad de las mentiras (2002). El ensayo, un justo alegato a la novela, contrasta el viaje del marinero Conrad por el río Congo en 1890, con un hecho completamente repudiable que a su vez aparece en la novela: la explotación de marfil; que originó el exterminio de gran parte de la población del Estado Libre del Congo (hoy República Democrática del Congo).
¿Quién realizó esas matanzas? Leopoldo II, rey de los belgas. ¿Por qué? Por inenarrable ambición. Leopoldo II instauró el terror en el Estado Libre del Congo, y arrasó con todo aquel que no le sirviera. Desde 1885 hasta 1906, tiempo que duró aquella ola genocida, no solo exterminó con gran parte de la población sino también, y era lo que le interesaba, con la riqueza. Pero, ¿por qué nadie le reclamó y enjuició por sus abusos? En su ensayo Vargas Llosa lo explica: “Leopoldo II fue una indecencia humana, pero culta, inteligente y creativa. Planeó su operación congolesa como una gran empresa económica-política, destinada a hacer de él un monarca que, al mismo tiempo, sería un poderosísimo hombre de negocios, dotado de una fortuna y una estructura industrial y comercial tan vasta que le permitía influir en la vida política y el desarrollo del resto del mundo”. Fue “un astuto estratega de las relaciones públicas. Invirtió importantes sumas sobornando a periodistas, políticos, funcionarios, militares, cabilderos, religiosos de tres continentes, para edificar una gigantesca cortina de humo encaminada a hacer creer al mundo que su aventura congolesa tenía una finalidad humanitaria y cristiana: salvar a los congoleses de los traficantes árabes de esclavos que saqueaban sus aldeas. (…) Durante buen número de años, esta propaganda goebbelsiana* tuvo efecto. Leopoldo II fue condecorado, bañado en incienso religioso y periodístico, y considerado un redentor de los negros.”
Conrad decide, en 1890, al no hallar un puesto adecuado para su rango en Inglaterra, firmar en Bruselas un contrato con “uno de los tentáculos de la Compañía de Leopoldo II, la Société Anonyme Belge para el comercio en el Alto Congo”. En aquel trabajo, el cual había previsto mantener durante tres años y sólo duró poco más de seis meses, Conrad fue testigo de las atrocidades que Leopoldo II perpetraba. Como el marinero Marlow, de la novela, Conrad se sumergió en las tinieblas, siendo estas tan espeluznantes que lo hicieron desistir de aquella empresa.
¿Y dónde queda el tercer hombre de nuestro título? El irlandés Roger Casement (1864-1916), junto al belga Morel, fueron activistas que “a base de una audacia y perseverancia formidables, consiguieron movilizar a la opinión pública internacional contra las carnicerías congolesas de Leopoldo II”. Casement tras desempeñarse en diversos cargos en el servicio exterior británico en distintos lugares de África desde 1892 hasta 1903, retornó a Inglaterra para presentar al Ministerio de Asuntos Exteriores los resultados de un estudio realizado a lo largo de dos años sobre el trato inhumano que recibía la población nativa del Estado Libre del Congo, en aquel tiempo propiedad personal de Leopoldo II. La opinión pública, al conocer los hechos, condenó las acciones e hizo que Leopoldo II renunciara al Congo y lo cediera al Estado belga.
Y entonces, ¿qué relación une a estos tres hombres? Sólo el ensayo de MVLL sobre la novela de Conrad, y que Casament haya denunciado los hechos que presenció Conrad en su viaje por el río Congo. Cerca.
Casament conoció a Conrad en 1890 cuando, este último, había llegado a Matadi (África) para enrolarse como capitán de un vaporcito de la empresa de Leopoldo II, y el primero, permanecía como investigador de los abusos de la Compañía belga. Según Vargas Llosa, Conrad “conoció al justiciero irlandés Roger Casament, con quien convivió un par de semanas, y de quién dejó escrito en su diario que, entre todas las personas que había conocido en su estancia congolesa, era la que más admiraba. Sin duda, a través de Casament recibió informes detallados sobre otros horrores que allá ocurrían, además de los que saltaban a la vista.”
Entonces, VLL queda como el que nos acerca a ambos hombres profundamente humanos. Cerca.
En el ensayo citado, acaso eje desencadenador de este escrito, MVLL expresa su admiración por las acciones pro-humanitarias de Casament y Morel con las siguientes palabras: “Ambos merecerían los honores de una gran novela”. Al leer esas palabras, encontré el eslabón que me faltaba para conformar la tríada que titula este post.
Al conocer que MVLL está elaborando una novela sobre Casament, es más fácil entender, que deseaba desde hacía años rendir honores a ambos “justiciero[s]”; por lo pronto y de lo que se sabe, ha empezado con Casament. Si incluye a Morel o el encuentro de Casament con Conrad, no lo sabemos. Pero de todas formas, la tríada deja al centro a Vargas LLosa, pues es él quien pretende develar la oscuridad de aquellos años de barbarie, inopia e injusticia; para que no queden en el olvido que hoy los envuelven, y acaso, como el marinero Marlow, o el marinero Conrad, penetrará en aquel río de infamia, hasta llegar al mismo centro, al corazón de las tinieblas. ¿Lo hará? Esperaremos la novela.


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* Por Joseph Paul Goebbels (1897-1945) Político alemán. En 1929 fue jefe de Propaganda del partido nazi, cargo desde el cual promovió una campaña de odio irracional a los judíos y a otros grupos 'no arios', tales como los eslavos. Su labor propagandística contribuyó a incrementar el poder de Hitler en 1933. (N. del A.)

1 comentario:

JL Martínez Hens dijo...

Acabo de leer Con la soga al cuello y me ha gustado incluso más que El corazón de las tinieblas. Ahora me preparo para Lord Jim.