
19 abril, 2009
Manuscrito de "Madame Bovary" en internet

"El Cubismo y sus entornos" en la Fundación Telefónica

11 abril, 2009
Cartas de Cortázar y Carol

Alpha Decay ha querido que las cartas conservaran los problemas idiomáticos que son evidentes -Carol era norteamericana, Silvia es serbia; las cartas de Julio han sido corregidas de sus lapsus calami-; aquí publicamos algunas, que permanecían inéditas. La editorial pondrá a la venta el libro el próximo lunes, 13 de abril.
que decirte es horrible: Carol murió el 2 de este mes,
después de dos meses en el hospital donde nada pudieron
hacer para salvarla. No puedo agregar nada,
salvo que ella te quería mucho y se alegraba con cada
una de tus cartas. Estoy en un pozo negro y sin fondo.
Pero no pienses en mí, piensa en ella, luminosa y tan
querida, y guárdala en tu corazón.
Te abraza
Crónica de un ojo morado

"Rodrigo Moya, 75 años, lleva camisa roja y se toma una cerveza Modelo en la terraza de la cafetería Sanborn's de la avenida Insurgentes, en el DF. Es uno de los fotógrafos más importantes de América Latina, a pesar de que solamente ejerció el oficio entre los años 1955 y 1967, lo que le bastó para tomar algunas imágenes que ya forman parte de la historia. Una de ellas, un encargo privado que jamás ha expuesto y que tuvo más de 30 años en el cajón: los retratos de Gabriel García Márquez en los que el colombiano luce un ojo morado". He aquí la primera parte de esta crónica. La segunda, la correspondiente a Vargas Llosa, solo tiene estas líneas dichas por él: "Que de eso se encarguen los biógrafos". Y bueno, luego de 30 años vamos sabiendo la verdad de aquel incidente. Que biógrafos o chismosos aprovechen la información. El ojo morado de Gabo:

El 12 de febrero de 1976, en el preestreno de una película en Ciudad de México, Mario Vargas Llosa propinó un puñetazo a García Márquez que lo dejó tirado en el suelo, ante múltiples testigos. Dos días después, Gabo llamó a Moya: -Flaco, voy a venir para tu casa, ¿vas a estar ahí? Quiero que me hagas unas fotos. Cuando el colombiano se presentó, muy serio, en el número 57 de la calle Illinois, y se quitó las gafas de sol, dejó al descubierto un hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz. Moya le hizo las fotos, le entregó copias y guardó los negativos durante más de 30 años, hasta que publicó las imágenes en marzo del 2007 en el diario mexicano La Jornada. El fotógrafo recuerda que, aquel día, "Gabo hacía bromas sobre lo fuerte del golpe recibido: 'Mario pega duro... Me pilló por sorpresa', decía". Él hizo su trabajo, como si todo aquello fuera normal, e incluso se permitió indicaciones al modelo: "Quería que apareciera sonriente, no tan serio como estaba". ¿Por qué cree que García Márquez quiso hacerse esa foto? "Para que quedara constancia de aquello, y yo era de confianza. No sé, digamos que tiene su narciso bien plantado", responde metafóricamente. Moya, claro, le preguntó por los motivos de la agresión y, aunque Gabo aludió inicialmente a las diferencias políticas entre ambos, su esposa, Mercedes Barcha, que le acompañaba, acabó confesándole: "Mario es un celoso estúpido".
Gabo desmiente

.
El periódico colombiano publicó el domingo las respuestas a las únicas dos preguntas que aceptó contestar el escritor. Y es que la versión de que el creador del realismo mágico no volvería a escribir había surgido a raíz de una declaración de su conocida agente literaria, Carmen Balcells, al diario chileno La Tercera.
"Creo que García Márquez no volverá a escribir nunca más, y es un cliente que representa el 36,2% de la facturación", declaró Balcells a finales de la semana pasada durante una visita a Chile. A ella se sumó el británico Gerald Martin, biógrafo del autor de Cien años de Soledad, al asegurar: "Yo también creo que Gabo no escribirá más libros".
Sin embargo, el escritor colombiano ni siquiera ha descartado la publicación de nuevas obras literarias. "Mi oficio no es publicar, sino escribir. Yo sabré cuándo estén a punto de boca los pasteles que estoy horneando", ha dicho.
García Márquez, ganador del Nobel de Literatura en 1982 y que reside actualmente en México, publicó su última novela Memorias de mis putas tristes en 2004. Y, en mayo del año pasado, varios cercanos al escritor aseguraron que preparaba la publicación de una novela de amor.
05 abril, 2009
Los 400 años de los "Comentarios Reales de los Incas"

Porque es precisamente el deseo constante de la presentación de un cuadro fiel el que llevó al Inca Garcilaso a la redacción de su Historia peruana. Para ello acopió las fuentes, confirmó sus recuerdos personales, confrontó las informaciones a él llegadas con los relatos de los otros cronistas. Aparte de su profunda emoción literaria y de la calidad galana y apasionante de su estilo, el Inca Garcilaso busca siempre, en el fondo, la más rigurosa exactitud en los hechos y en los nombres, en las ideas y en las instituciones, en las noticias de la paz y la guerra. Exactitud también en la geografía con la acertada descripción y la ordenada ubicación de los lugares; que Antonio Raimondi encarecía al señalar, por ejemplo, que si se hubiera seguido a Garcilaso, se hubiera conocido, más de dos siglos antes de las expediciones del siglo XIX, el verdadero curso del río Madre de Dios o Amarumayu, y al declarar resueltamente, con toda la autoridad del gran científico, que “Los comentarios reales” son la fuente más segura para la historia de la antigua geografía del país. Exactitud, sobre todo, en el terreno histórico, donde Garcilaso se empeña siempre en distinguir, en esclarecer y comentar, en encontrar los rumbos esenciales dentro de la heterogénea y a veces contradictoria multiplicidad de los relatos.
Para eso no desdeña acoger hasta las “fábulas”, cuando considera que pueden insinuar un camino o que, bajo la forma legendaria y poética, se puede vislumbrar la reacción mental o las características anímicas de un pueblo. “Digo llanamente —afirma en una parte— las fábulas historiales que en mis niñeces oy a los mios, tomelas cada vno como quisiere, y deles el alegoria que mas le quadrare”. Las fábulas de los indios —insiste— no son por lo demás distintas de las leyendas de la gentilidad, como las griegas de Pirra y Deucalion, y aun de historias como las de Noé; al punto que “se pueden cotejar la de vna gentilidad con las de la otra, que en muchos pedaços se remedan”. “El que las leyere —añade en otro capítulo— podrá cotejarlas a su gusto, que muchas hallara semejantes a las antiguas assi de la sancta escritura, como de las profanas y fabulas de la gentilidad antigua”. El problema estriba, no en aceptar las “fábulas”, sino en analizarlas con cuidado y en separar los campos de la leyenda y de la historia, o de la “fábula” y la “verdad”.
Sin embargo, sentada esta veracidad fundamental, hay también en el Inca Garcilaso un complicado y evidente proceso de composición y hermoseamiento. La crítica ha señalado como sus errores o idealizaciones más saltantes: la negación de los sacrificios humanos de los incas (en cuya realidad coinciden todos los cronistas, con excepción de Blas Valera, el jesuita anónimo y el imaginativo Montesinos); el injusto desdén con que trata el período preincaico; y la regularidad, en exceso armoniosa y ordenada, con que va describiendo las paulatinas conquistas de los incas. El propio Riva Agüero —a quien hay que citar muy a menudo—, porque es el que ha reivindicado con mayor solidez y más acierto la historicidad de Garcilaso, ha indicado lo que podría llamarse la triple alteración que en la obra del escritor cusqueño se descubre. De un lado es la alteración oficial, el olvido obligado de lo dañino o desafortunado que acaeció en la historia de los incas y que determinó que los cronistas, y no solamente Garcilaso, no pudieran conocer esos aspectos, porque la relegación de la memoria era el castigo para el mal soberano (“si entre los Reyes alguno salía remisso, cobarde, dado a vicios y amigo de holgar sin acrecentar el señorío de su Imperio, mandauan que destos tales ouiesse poca memoria o ninguna”, dice Cieza). De otro lado el hecho indiscutible de que las fuentes indígenas que consultó el Inca Garcilaso procedían particularmente de la familia real y la rama cusqueña. Por último, la propensión natural en Garcilaso a la idealización y al enaltecimiento de sus recuerdos infantiles. En su lejano retiro de Córdoba, con la suave y benévola tendencia de la ancianidad que se iniciaba, “Los comentarios…” del Inca Garcilaso se hallan como impregnados por una honda nostalgia, doblemente avivada por la distancia en el tiempo y el espacio. Raúl Porras ha acentuado además el carácter de “inca” que es dominante en Garcilaso.
(...) Este sentido de deliberada ordenación se patentiza, de una parte, en la composición y en lo que se puede llamar sistema técnico de “Los comentarios reales” del Inca Garcilaso y permite aclarar, por otra parte, algunos de los que se consideran errores históricos.
Así, desde el punto de vista de la forma, Garcilaso coteja sus noticias con las de los cronistas españoles, les sirve a éstos de comento y de glosa “y de intérprete en muchos vocablos” y alterna sabiamente la brevedad con la ampliación. Lo que otros dicen “breve y compendiosamente” o “abreviada y confusamente”, él lo relata con “mayor abundancia”; pero en otros pasajes, al contrario, descarta lo que estima secundario, “por no causar hastío”, deja algunos detalles “por escusar prolixidad”, y acorta “quitando algunas cosas”, porque le “bastará hauer sacado el verdadero sentido dellas, que es lo que conviene a nuestra historia”. Para evitar una posible monotonía en su relato, estructura y compone su obra, alterna la narración de las conquistas de los incas con la relación de usos y costumbres, e intercala en la historia de los emperadores la descripción de los productos de los tres reinos naturales. “Dicha esta, y otras algunas (leyes) —escribe—, seguiremos la conquista que cada Rey hizo, y entre sus hazañas y vidas iremos entremetiendo otras leyes, y muchas de sus costumbres, maneras de sacrificios, los templos del Sol, las casas de las vírgenes, sus fiestas mayores, el armar caualleros, el servicio de su casa, la grandeza de su corte, para que con la variedad de los cuentos no canse tanto la lection. Y porque la historia no canse tanto hablando siempre de una misma cosa, sera bien entretexer entre las vidas de los Reyes Incas, algunas de sus costumbres”. O bien, le pareció “variar los cuentos, para que no sean todos de un proposito”.
Desde el punto de vista del fondo de la historia, esta misma alternancia de desarrollo y brevedad y ese mismo temor de resultar monótono o de hastiar, se manifiesta de diversas maneras. Una de ellas es el criterio con que organiza y concierta las versiones sobre los hechos de cada inca y coordina las acciones guerreras llevadas a cabo por los varios monarcas. De allí la ordenación, el ritmo creciente y afianzado con que cada uno de los incas ensancha las conquistas realizadas por sus antecesores (ritmo tan diferente al avance por saltos e irregular que señalaron los “quipucamayoc”, o guardadores de anales, en sus informaciones a Vaca de Castro, por ejemplo); que hace que en “Los comentarios…” se avance paulatinamente desde el núcleo primitivo de la ciudad de Manco Cápac a la extensión portentosa y magnífica alcanzada por el imperio en tiempos de Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac. Raúl Porras ha acentuado además el carácter de “inca” que es dominante en Garcilaso.
Premio Nacional PUCP
Philip Roth, el indignado

García Márquez ¿ya no escribe?

Javier Marías entrevistado

Miembro de la Real Academia Española y permanente candidato al Nobel (solo para el mundo anglosajon o alemán menos para el español), acaba de presentar en Argentina su novela Veneno, sombra y adiós. En un diálogo con Ñ le contesta a sus detractores(incluye video): "Llegaron a decir que sólo le gusto a las mujeres, como si eso fuera algo denigratorio".
La primera excusa para romper el hielo es Veneno, sombra y adiós , la última entrega de Tu rostro mañana, la trilogía en la que ficcionalizó las vivencias de su padre, el filósofo Julián Marías y de su amigo el viejo profesor de la Universidad de Oxford Sir Peter Rusell, al final de la Guerra Civil española. Por la edad avanzada de ambos, para que tuvieran tiempo de reconocerse en las páginas del libro, decidió -en parte- subdividir la obra en tres. Por eso, afán que logró con los dos primeros tomos, y porque además odia los libros demasiado largos. Esta última entrega le permitió que tanto Russel como el viejo Marías vivieran un poco más en su imaginación No planea tanto Marías. Para él, la literatura es una ciencia incierta, muy lejana a la ingeniería literaria que practica su amigo Arturo Pérez Reverte antes de teclear la primera letra. "A mí me gusta, por el contrario, averiguar la novela a medida que la voy escribiendo. Siempre recuerdo que la palabra inventar etimológicamente viene del latín invenir, e invenir en latín lo que quería decir era hallar, descubrir, averiguar. Es decir que etimológicamente -al menos- la invención y la averiguación o el hallazgo tienen la misma raíz. Entonces, uno averigua a medida que inventa. Yo me permito trabajar mucho sobre la marcha, incorporar cosas que en modo alguno tenía previsto, entre otras cosas porque no deseo tenerlo previsto", dispara erudito este, aseguran, firme candidato al Nobel. Precisamente también relativiza las voces que lo proclaman para recibir el galardón de la Academia Sueca. "Es algo que se dice más que nada en el mundo anglosajón y en Alemania también. Sin ningún fundamento, desde luego, yo creo, en absoluto. Pero bueno, se han dicho muchas cosas...", se desentiende ahora un modestísimo Marías. Muchas cosas se han dicho sobre este autor autodefinido como un veterano a sus 57, teniendo en cuenta lleva publicados más de una veintena de libros desde sus 1971. Y, aunque la mayoría son elogios, él decide enumerar la larga lista de argumentos que sus detractores propusieron en los últimos 38 años. "Se dijo que era un autor extranjerizante, que escribía como si tradujera -lo cual para mí era un elogio. En otro momento se dijo: 'Es muy cerebral, demasiado frío. Luego, empezaron con que 'Sólo le gusta a las mujeres', como si fuero algo malo, denigratorio...Lo último es que escribo muy mal, que maltrato la lengua. Nunca he gozado de muchas simpatías entre el establishment literario", se ufana Marías, mientras juega en su mano con el primero de los cuatro cigarrillos que fumará casi de corrido. Sin embargo reconoce que su métier como traductor –"un trabajo extraordinario para cualquier escritor"- favorecieron su facilidad para explorar todas las posibilidades de la lengua y admite, sin tapujos, que alrededor del 60% de sus lectores son mujeres, lo que le parece natural "porque las mujeres leen más". Si de dardos maliciosos se trata, Marías también sabe a quién apuntarle. "Jorge Herralde es un buen editor, pero hace años que me prohibí leer libros de Anagrama, y sobre todo, comprarlos", dice sobre la editorial amarilla donde publicó sus primeras obras antes de que la relación se quebrara. El estado actual de las traducciones al español también logra crisparle los nervios a este especialista entre traidores, que fue galardonado hace décadas por su versión castellana de la disparatada Tristam Shandy, de Laurence Sterne. "No quiero decirles el estado general de las traducciones actuales españolas. ¡Es terrible! Hay personas que no saben una lengua ni la otra" , sentencia. Las digresiones y reflexiones de Marías se repiten en su discurso casi tanto como en sus novelas, es la característica que lo distingue y que hilvana su obra. "No creo que haga falta leer todas mis novelas para tener una comprensión de una determinada, pero sí digamos que hay unos vasos comunicantes y personajes que pasan de una a otra, frases incluso, que deliberadamente se repiten de un libro a otro. Todo eso es deliberado, desde luego", asume. El autoproclamado rey de Redonda, isla que actualmente pertenece a Antigua y Barbuda, y monarquía en la que Marías ha nombrado una nobleza soñada de artistas ilustres, reconoce que ha perdido contacto con la actualidad literaria. Incluso –reconfórtese perezoso lector- concede que uno de los precios de plasmar su colosal Tu rostro mañana ha sido que pasaron casi 8 años sin que leyera prácticamente nada de lo que se ha publicado en cualquier lengua. "Creo que hay cosas muy repetitivas, me da la sensación de que son cosas propias de los años 70'. Es más una impresión que un juicio. Además, a medida que uno se va haciendo mayor, la curiosidad va menguando. Ahora quiero releer", revela. Por si fuera poco, lanza una aseveración más grande para animársele otra vez a los clásicos y por primera vez a autores griegos y latinos con los que nunca se desafió. "No tengo la impresión de éste sea un momento particularmente brillante. Es decir, no ha habido todavía casi ningún autor en menos de cuarenta y cinco años del cual se me haya dicho con verdadera insistencia: 'Debes leerlo, hay que leerlo', ¿no? Rara vez me autocritico eso", se defiende.
Los 80 años de kundera

Bicentenario de Nikolái Gógol
