22 julio, 2009

EVOCANDO “EL RUIDO Y LA FURIA”

Los ochenta años de una novela paradigmática

por Luis Torres Vásquez

Extenuante sería el primer adjetivo que calificaría la lectura de El Ruido y la Furia. Y no por ello, dejaría de lado otro: Fascinante. Y es que, la novela que William Faulkner escribió hace ochenta años, es la manifestación de la madurez literaria de un escritor que hasta antes de 1929, había publicado libros menores y ya sin trascendencia. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar que Sartoris (1929) –en palabras de William Van O´Connor– “sirvió para que Faulkner se encontrara a sí mismo como escritor (…). Mientras escribía Sartoris¸ Faulkner trabajaba también en The Sound y the Fury, publicándose las dos con pocos meses de diferencia. Sartoris marca el fin de un aprendizaje. The Sound y the Fury es ya la obra de un escritor formado”. Sartoris, no solo es la novela de aprendizaje para su propio autor, sino también un relato objetivo que traslada la propia genealogía de los Falkner (sin la “u”) a la leyenda de la familia Sartoris. Caracterizó al coronel Sartoris como su propio bisabuelo, William C. Falkner, soldado, político, constructor ferroviario y escritor. La reposición de la “u” a su apellido, Faulkner lo explica así: “Cuando comencé a escribir, aunque en esa época creía estar haciéndolo por pura diversión, tal vez tenía ambiciones y no quería aprovechar [sic] del renombre de mi abuelo, por eso acepté la ‘u’ de esa manera fácil de distinguirme”. Además, Sartoris, inicia la saga o ciclo de Yoknapatawpha (condado ficticio o mundo faulkneriano –inspirado en el condado de Lafayette, Mississippi– en el que ocurren muchas de las novelas del autor y cuya capital es Jefferson). En los meses de escritura de Sartoris –y también de El Ruido y la Furia– Faulkner afirmó que “escribir es algo altamente admirable; por su medio puedes hacer que los hombres se mantengan erguidos sobre sus piernas traseras y proyecten una larga sombra”.
Antes, en 1924, Faulkner publicó por su cuenta El fauno de mármol, un libro de poemas poco originales. Al año siguiente viajó a Europa, a Nueva Orleans, donde trabajó como periodista y entabló amistad con el escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson. Amistad que le ayudaría a encontrar un editor para su primera novela: La paga de los soldados (1926). Ésta narra la historia de un soldado joven que vuelve a casa después de la Primera Guerra Mundial, inválido física y mentalmente, y cómo su enfermedad y muerte posterior afectan a su familia y a sus amigos. Van O´Connor afirma que es “una novela deliberadamente ‘elegante’ que trata sobre la ‘generación perdida”. En 1927, publica Mosquitos, novela ambientada en Nueva Orleans: “Es una novela satírica –explica Van O´Connor– aunque la sátira, en su mayor parte, es gruesa y pesada”.
Pero volviendo a 1929, año acaso decisivo para Faulkner, puesto que decide consagrarse de lleno a su carrera como escritor, se casa con Estelle Oldhan y publica una de sus mejores novelas: El Ruido y la Furia.
Lo que sorprende más del manuscrito de la novela, es que conserva, en su primera página, el título “Twilight” (Crepúsculo). “Como título exclusivo de la primera sección –explica Millgate–, ‘Twilight’ se referiría al semimundo del propio Benjy, suspendido en un estado intemporal, entre las tinieblas y la luz, la comprensión y la incomprensión, entre lo humano y lo animal. Como título del libro entero, la palabra inmediatamente sugiere la decadencia de la familia Compson”. El título definitivo de la obra se debe al soliloquio que el príncipe Macbeth, en la obra de Shakespeare, pronuncia cuando la muerte se aproxima: “La vida…es una historia que cuenta un idiota, una historia llena de ruido y de furia, que no significa nada”.
El Ruido y la Furia, en sus orígenes, “comenzó como un cuento corto –explicó Faulkner, en 1955, en el Seminario Nagano–, un cuento sin argumento, sobre unos niños que eran alejados del hogar durante el entierro de la abuela”. Más adelante agrega: “De ninguna manera se trató de un tour de force deliberado, el libro simplemente creció así”. Y de eso no cabe duda. El Ruido y la Furia fue escrita sin notas –si hubo alguna no sobrevivió– y ello es lo que más sorprende. Cómo las complejidades de la sección de Benjy fueron escritas sin ayuda. “Sin embargo –afirma Michael Millgate, en el prólogo de la edición de Obras completas hecha por Aguilar– la sección de Benjy parece haber evolucionado bajo presión creativa, es decir, sin ser planeada de antemano. Todas sus versiones sobre la creación de El Ruido y la Furia enfatizan que la novela fue creciendo a medida que la fue sometiendo a su imaginación”. Faulkner dio otro ejemplo de su genialidad con Mientras agonizo (1930), también escrita sin notas.
Pensar en El Ruido y la Furia como un simple estudio de la decadencia de una familia sureña norteamericana, sería inadecuado. Éste es un aspecto de las múltiples lecturas que se pueden hacer de la novela. Cada uno de sus personajes principales (Benjy, Quentin, Jason, Madre, Dilsey, Luster…) cierra un círculo que tiene en el centro a dos mujeres: Caddy y su hija. “También puede interpretarse como el fracaso del amor en el seno de una familia, con una ausencia destructora del respeto propio y del mutuo respeto”, anota Van O´Connor.
La novela se nos presenta en cuatro secciones o capítulos. Pero cada sección nació por añadidura –o si se quiere– por corrección de la anterior. Teniendo como base a aquellos niños que desde sus juegos infantiles veían incidentalmente la ceremonia fúnebre de la abuela, “me vino la idea de cuánto más podía extraer yo la idea de la ciega egolatría de la inocencia, tipificada por los niños, si uno de esos niños hubiera sido inocente, es decir, un idiota. Entonces nació el idiota y entonces comencé a interesarme en la relación entre el idiota y el mundo dentro del cual estaba y contra el que nunca podría enfrentarse y en la forma en que obtendría la ternura, la ayuda necesaria para protegerlo en su inocencia (…). Y así comenzó a nacer el personaje que es su hermana, luego el hermano quien, ese [sic] Jason (quien para mí representa el mal total. Creo que es el personaje más malvado que ha producido mi imaginación), entonces apareció. Luego es necesario el protagonista, alguien que cuente la historia, y apareció Quentin. Para eso yo ya me había dado cuenta de que no podía contar todo en un cuento corto. Conté las experiencias que tuvo el idiota ese día, y eso quedó incomprensible, ni yo pude darme cuenta de lo que estaba sucediendo, por lo cual tuve que escribir otro capítulo. Entonces decidí dejar que Quentin contara su versión de lo sucedido aquel mismo día, o en aquella misma ocasión, y así la contó. Luego fue necesario el contrapunto, que fue el otro hermano, Jason. En ese momento la confusión era total. Sabía que no estaba ni siquiera cerca del final y entonces tuve que escribir otra sección desde afuera, como un extraño, que era el autor, para contar lo sucedido. Y así es como creció el libro. Es decir, escribí la misma historia cuatro veces”. Para él ninguna versión estuvo bien, pero quedó tan agotado que no podía reiniciar de nuevo así que lo publicó tal cual.
Como arriba lo explica, la primera sección es narrada desde la voz de Benjy, el hijo idiota, o mejor dicho desde su mente. Faulkner utiliza el monólogo interior –deuda que contrae con Joyce– no solo para esta sección sino para las dos siguientes. Bautizado Maury, por el hermano de su madre, fue rebautizado con el nombre de Benjamin. Benjy sufre retraso mental y nos narra lo que le acontece el 7 de abril de 1928. Sin embargo, evoca lo vivido al lado de Caddy –su hermana y protectora cuando eran niños–, alternando el pasado con el presente: Ahora lo cuida el negro Luster, un joven de 14 años –cruel con él a veces– que no soporta tener que cargar con tamaño lastre (Benjy ya cuenta con 33 años) y que ese día está en busca de 25 centavos para la función del circo.
Faulkner se refiere así de Benjy:

La única emoción que puedo sentir por Benjy es aflicción y compasión por toda la humanidad. No se puede sentir nada por Benjy porque él no siente nada. Lo único que puedo sentir por él personalmente es preocupación en cuanto a que sea creíble tal cual yo lo creé. Benjy fue un prólogo, como el sepulturero en los dramas isabelinos. Cumple su cometido y se va. Benjy es incapaz del bien y del mal porque no tiene conocimiento alguno del bien y del mal.
(…)
Benjy no era lo suficientemente racional ni siquiera para ser un egoísta. Era un animal. Reconocía la ternura y el amor, aunque no habría podido nombrarlos; y fue la amenaza a la ternura y al amor lo que lo llevó a gritar cuando sintió el cambio en Caddy. Ya no tenía a Caddy; siendo un idiota, ni siquiera estaba consciente de la ausencia de Caddy. Sólo sabía que algo andaba mal, lo cual creaba un vacío en el que sufría. Trató de llenar ese vacío. Lo único que tenía era una de las pantuflas desechadas de Caddy. La pantufla era la ternura y el amor de Benjy que éste podría haber nombrado, y sólo sabía que le faltaban. (…) La pantufla le daba consuelo aun cuando ya no recordaba la persona a la que había pertenecido, como tampoco podía recordar por qué sufría. Si Caddy hubiese reaparecido, Benjy probablemente no la habría reconocido.

Luster es el nieto de Dilsey, la cocinera negra que será la protectora de Benjy, Caddy y Quentin (la hija de Caddy). En la última sección veremos el esplendor de Disley como símbolo de fortaleza, al soportar uno y otro maltrato de Madre y de Jason. Aparecerá como un personaje completo y con una poderosa presencia positiva. “Dilsey es uno de mis personajes favoritos porque es valiente, generosa, dulce y honrada. Es mucho más valiente, honrada y generosa que yo”, dijo Faulkner.
La segunda sección nos remonta al 2 de junio de 1910. Quentin (hijo) alterna sus recuerdos de niñez, al lado de su amada hermana Caddy, su viaje por tren y su estancia en su habitación en Harvard. Su padre ha vendido el prado de Benjy (que fue convertido en un campo de golf) para que él pudiera ir a estudiar a Harvard y para pagar el matrimonio de Caddy. Quentin recuerda que el matrimonio se celebró hacía dos meses. Su tragedia es que así como su madre le falla en fuente de amor, su padre le falla como fuente de consejo. Quizá por ello Quentin se refugia en Caddy. Ella representa un amor acaso edípico. A tal extremo que Quentin cree haber cometido incesto. Recuerda el desliz del su hermana, que ya está embarazada de otro hombre al casarse, y busca protegerla aunque sabe que no podrá. Ella ya tiene un destino predestinado, uno trágico. Millgate nos explica que “la mente de Quentin permanece preocupada por el pasado. Es casi como si Faulkner estuviera jugando con la idea de que un hombre a punto de ahogarse ve toda su vida desfilar delante suyo, y nos damos cuenta de que este último día de la vida de Quentin es una especie de instante suspendido, inmediatamente anterior a la muerte”.
La idea de la ruptura del tiempo se ve expuesta no solo en lo caprichoso de la presentación de las secciones del libro, sino también, en una parte en la cual Quentin toma las manecillas de su reloj como símbolo de que estuviera deteniendo el tiempo cronológico para dar paso a su propio tiempo, el de su mente.
Regresamos al 6 de abril de 1928, es viernes, Jason nos irá destilando, a través de su monólogo interior, ese odio que tiene por los restantes de su familia: Madre, Ben[jy] y sobre todo Quentin. Llamada así, desde antes de saber su sexo, en honor a su tío. Quentin es hija de Caddy, abandonada a los meses de haberse casado. Dejó a su hija en la casa familiar para irse a buscar fortuna. Quentin tiene 17 años y es rebelde acaso como respuesta a la constante presión a la que es sometida por Jason, su tío. Él le guarda un profundo rencor. Ella es libertina y eso Jason no lo soporta. Trata de controlarla pero Madre y Dilsey siempre intervienen por ella. A Jason, el esposo de Caddy le ofreció un empleo en el banco, pero al descubrirse el engaño de Caddy, Jason se quedó sin su única oportunidad de dejar aquél pueblo, de dejar la carga que era su familia. Pues es él el vela por los que restan, incluidos los negros. Jason se nos muestra como un solterón amargado (por momentos evoca el nombre Lorraine, su amiga de Memphis) y lleno de odio. Frustrado en sus anhelos personales, tiene que supeditarse a ser dependiente de una ferretería para poder seguir dándole la vida a la que su madre estaba acostumbrada.
Gracias al Apéndice (Compson: 1699-1945) que Faulkner escribió para el libro The Portable Faulkner (1946) de Malcom Cowley, sabemos que Jason, luego de la muerte de su madre, envía al sanatorio mental Jackson a Benjy, vende la casa, se libera de los negros y se dedica a su negocio de compraventa de algodones. “Su desprecio por el pueblo es superado únicamente por el desprecio hacia su familia”, agrega Millgate.
La cuarta y última sección, se nos presenta con un narrador omnisciente. “Faulkner dijo que habiendo fracasado tres veces en su intento por relatar la historia –explica Millgate–, y buscando deshacerse del ‘sueño’, había utilizado la sección final para intentar reagrupar a toda la novela, volviendo a contar la historia central de forma más clara y directa”. Sin embargo, esta sección, que ocurre el 8 de abril de 1928, nos obliga a contemplar hechos no antes vistos. Vemos, por primera vez, descripciones físicas de Dilsey, Benjy, Jason, la Sra. Compson. Faulkner parece jugar con el lector. Como arriba dije, Dilsey toma una importancia preponderante en esta sección. Ella “soporta” las demandas que le hace la familia Compson. Además, es recién aquí, cuando vemos descrita la casa Compson como símbolo de decadencia: “Ben volvió a sollozar de nuevo, y por un momento todos miraron la casa cuadrada, despintada y con su pórtico podrido”.
Este último capítulo alterna la visita de los negros a la iglesia, es Domingo de Resurrección, y la búsqueda infructuosa que hace Jason de su sobrina Quentin, quien ha huido con un saltimbanqui del circo, llevándose consigo unos 3 mil dólares (aunque en realidad eran 7 mil. Cuatro mil fueron de los envíos que Caddy hacía para su hija y que Jason se guardaba como compensación por tenerla bajo su techo). Jason regresa golpeado a Jefferson solo para ver a Luster manejar mal su carreta, llevando a Benjy hacia el cementerio. Jason salta a la carreta, da un golpe a Luster y lo amenaza de muerte si vuelve a manejar así. No lo hace por pretender cuidar la salud de Benjy, si no por el qué dirán.
Aunque no nos cuenta lo sucedido desde una sección propia, vemos a Caddy desde los ojos de sus tres hermanos. Acaso eso fue lo esencial en la teoría que Faulkner tuvo de su novela. Cada hermano tenía un reclamo ególatra para Caddy, según sus limitaciones y obsesiones. Es por ello que cada hermano –Benjy, Quentin y Jason– nos pincela a una Caddy distinta. Es un personaje rico pero que nunca llegamos a ver directamente, acaso en ello esté el hecho de que no la sintamos como uno totalmente logrado. Con Benjy es protectora y apaciguadora, fuente de la unión familiar que aún queda. Pero luego, su actividad sexual será el medio de liberación de la represión familiar: símbolo de la desintegración social. Según Millgate, Caddy es el “meollo” de la novela. Y lo aceptamos. “Para mí era la bella –dijo Faulkner en la Universidad de Virginia–, ella era la favorita de mi corazón. Sobre eso escribí el libro y utilicé los instrumentos que me parecieron apropiados para tratar de contar, tratar de dibujar la imagen de Caddy”.
En el final, la novela nos vuelve a presentar a los dos personajes con los que arrancó: Benjy y Luster. Ahora se van. Siguen la ruta hacia el cementerio. Se han contado muchos años, mucho de la ruina de la casa Compson, pero para ambos solo ha pasado un día desde el inicio. Mientras que para algunos se han destruido –de a pocos– sus vidas, para ellos todo sigue igual. Al menos, por un tiempo, para Luster todo seguirá igual. Sin embargo, es Benjy, en el final de su días en Jackson y con toda su familia ya destruida, quien verá con sus ojos “vacíos y azules y seremos mientras una vez más suavemente de izquierda a derecho fluían cornisa y fachada, poste y árbol, ventana y puerta, y anuncio, cada uno de ellos en su correspondiente lugar”.

19 julio, 2009

Novela inédita de un joven Graham Greene

Cuando leí -la semana pasada - el artículo de Max Castillo Rodriguez en Somos, a propósito del libro Las cartas de una vida que recoge el epistolario de Greene, reformulé mi opinión acerca del autor inglés. ¿Por qué? Entre otras cosas que aquellas confesiones escritas revelan, me asombra la frialdad inhumana con la cual Greene busca situaciones de conflictos armados: "Lo que en realidad me interesa de las guerras es que alimentan mi neurosis", dirá sin asco. Lean el artículo, o mejor, lean el libro y saquen sus conclusiones. Sin embargo, esta semana la revista The Strand anunció que publicará por entregas la novela inconclusa que fue descubierta en el archivo del autor que compró la Universidad de Texas: La silla vacía. La novela fue escrita por un Greene de 22 años recientemente converso al catolicismo. Se publicará una novela inédita de Graham Greene:


Una novela incompleta de Graham Greene recientemente descubierta se publicará por entregas en la revista The Strand. La primera entrega tendrá lugar esta semana y el resto aparecerá en cuatro ediciones cuatrimestrales. Entre los planes de la revista figura el de contratar a un novelista para que escriba el final. La novela es un misterio llamado La silla vacía que Greene comenzó a escribir en 1926 y que aparentemente abandonó. En aquel momento tenía 22 años, recién se había convertido al catolicismo y estaba trabajando como pasante en el diario londinense The Times. El manuscrito de la novela fue descubierto el año pasado por el académico Franciois Gallix en el Archivo Greene del Ransom Center de la Universidad de Texas. Se publicó el primer capítulo en The Times de Londres en diciembre de 2008, como parte de una trivia literaria en la cual los lectores tenían que adivinar quién era su autor. La silla vacía transcurre en una casa de campo y los protagonistas son una pareja señorial y un detective-inspector parecido a Colombo. El director de The Strand dijo que "no es lo mejor de Greene pero se reconoce igual que es un texto suyo". La revista ya había publicado un cuento inédito de Mark Twain en su último número y también una novela de P.G. Woodhouse. Ahora The Strand se publica en Birmingham, Michigan, pero es una relanzamiento de la revista londinense que tuvo su auge entre 1890 y 1950.

16 julio, 2009

LOS 50: POESÍA A CUATRO VOCES

CICLO DE CONFERENCIAS
Con Carlos López Degregori, Luis Fernando Chueca, Ana María Gazzolo y Hildebrando Pérez.


El Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería celebrará un homenaje a la generación de los poetas del cincuenta con un ciclo de conferencias sobre Francisco Bendezú, Washington Delgado, Pablo Guevara y Javier Sologuren los días 15 y 22 de julio a las 7pm. Estas tendrán lugar en el Jr. Ucayali 391, Lima. El ingreso es libre. El ciclo de conferencias Los 50: poesía a cuatro voces estará a cargo de otros renombrados poetas de nuestro medio: El 15 de julio, primera fecha del evento, Carlos López Degregori disertará sobre las dos etapas más representativas de la poesía de Francisco Bendezú, analizando los rasgos de su poética y el lugar que ocupa en el concierto de las voces de su generación. En la misma mesa, Luis Fernando Chueca hará un acercamiento al trabajo poético de Washington Delgado a partir de dos ángulos de aproximación, en la que enfatizará la diversidad de registros abordados en su poesía y la preocupación constante por la ética de la escritura. En la segunda fecha del ciclo, el 22 de julio, Ana María Gazzolo abordará la poesía de Javier Sologuren, poeta cuya obra se extiende a la crítica y a la difusión de lenguas extranjeras. La charla de Gazzolo desarrollará su ubicación generacional y las diversas manifestaciones de su poética. Por su parte, Hildebrando Pérez comentará sobre la poesía de Pablo Guevara, cuya obra se caracteriza por pertenecer al discurso antiburgués y descolonizador y contener una relación de amor-odio con la ciudad de Lima, sin dejar de explorar en los distintos niveles del lenguaje poético. La poesía peruana de la generación del cincuenta representa uno de los puntos más importantes de la historia literaria peruana. Tradicionalmente se le ha conocido como la época en que se produjo la división entre poetas “puros” y poetas “sociales”. Sin embargo, hay evidencias como para afirmar que esta esquemática división no es suficiente. Estas conferencias buscarán conocer mejor y ampliar la visión que hay sobre esta significativa y memorable década.


Más información:

http://www.ccincagarcilaso.gob.pe/

Telf: 623-2656

Dirección: Jr. Ucayali 391, Lima

12 julio, 2009

"Malambo" o el universo afroperuano

Aquí les dejo la entrevista a la escritora y periodista Lucía Charún-Illescas, autora de Malambó (2001), que acaba de aparecer en El Dominical:

Con los conquistadores españoles llega al Perú lo africano. Así lo hispano, lo andino y lo negro confluyen y se convierten en parte medular de la cultura de gran parte del país. Es recién a fines de los años 20 del siglo pasado que Enrique López Albújar publica “Matalaché”, novela histórica que transcurre en el año 1816 en las tórridas costas piuranas. Una historia de amor en la que confluyen temas como la esclavitud, la discriminación de género, entre otros. Muchos años después aparecerán en la escena literaria personalidades como Antonio Gálvez Ronceros o Gregorio Martínez que retratan al personaje afroperuano, sus costumbres y tradiciones sin estereotipos, y más bien como un actor central y fundamental.
Pero es, sin duda, la escritora y periodista Lucía Charún-Illescas (Lima, 1950), autora de la novela “Malambo” (2001) —traducida al inglés—, quien resalta por su acercamiento a la negritud, conjugando el mestizaje, la hispanidad y lo indio, con una poética que bordea los sueños y lo mágico-cultural. Estos elementos inscriben a Charún-Illescas en lo que se ha venido a denominar afrorrealismo, corriente literaria considerada como una subversión africanizante del castellano: ““Aye, aye, sabangolé”. Dame tu agua para bebé /ñeque ecolecuá /ñizca de agua que corre ya”, escribe en la novela antes mencionada.

Escritura y reivindicación para revivir
“Es en “Malambo”, mi primera novela —publicada originalmente en Italia—, que desarrollo el tema afroperuano, escribiendo quizás lo que siempre quise leer. Nunca había leído una novela con un personaje principal negro. Está “Matalaché”, pero no desde la perspectiva de la negritud misma”.
“Con mi obra no solo reivindico nuestra herencia afro sino revivo el nombre de un antiguo barrio limeño, cuna de todas las vivencias criollas y africanas. Allí vivieron los Ascuez, Victoria Angulo, “La flor de la canela”, que inspiró a Chabuca Granda, el futbolista “Manguera” Villanueva, entre otros”, relata esta narradora que estudió Periodismo en Bausate y Mesa y empezó a reportear para una revista de corte feminista en los años 70 del siglo XX, época en que empezó a escribir cuentos cortos.
.
Una niña como todas
Lucía Charún-Illescas nació en Lince. Su infancia fue la típica de una niña de su época. Sobresalía en la escuela al recitar poemas y redactar composiciones. Es la mayor de siete hermanos, hija de un maestro constructor y un ama de casa, ambos limeños. “De mi padre aprendí la disciplina en el trabajo y de mi madre el amor a la literatura. Mi niñez pasó entre lecturas de Verne y Alejandro Dumas. Fui creciendo con Salgari, la poesía de Vallejo, Eguren, García Lorca y escuchando a Agustín Lara en la voz de Toña la Negra, los tangos de Gardel, los Embajadores Criollos y los valses de Pinglo”, cuenta.

“Malambo” y ahora “Kumanana”
Su novela “Malambo” ha sido publicada en italiano, en castellano por la editorial de la Universidad Federico Villarreal y en inglés por Swan Isle Press, distribuida por la Universidad de Chicago, Estados Unidos.
Ha sido conferencista en diversas universidades italianas y su novela es lectura obligatoria en diversos cursos de literatura. “¡Mis críticas son ensayos literarios! ¡Me volvieron académica! Todo el mundo está ganando plata conmigo. Mientras yo estoy en Hamburgo, peleándola”, nos dice sonriendo frente a esas paradojas de la vida.
Su gran amor es la poesía y dice haber clausurado por algún tiempo su vida sentimental. Está convencida que de encontrar a alguien especial los personajes de sus novelas se interpondrán. “Con “Malambo” inicié una literatura afroperuana con bases históricas. Mi segunda obra es “Kumanana” y con ella persigo recuperar el olvido oficial que existe sobre el tema de la esclavitud”. La obra de nuestra escritora es estudiada y analizada por prestigiosos académicos que encuentran en ella una nueva vertiente de la literatura latinoamericana, potente, vital y reivindicadora.

¿Hemingway agente de la KGB?

Y esta noticia si que me desconcierta (pero tampoco es para creérsela de lleno). "La semana pasada se publicó en Estados Unidos un libro que afirma que Hemingway estuvo, durante un tiempo, en la lista de agentes del servicio secreto soviético en los Estados Unidos. No uno muy útil, pero fichado al fin. Ahora, ¿pudo ser una forma de investigación literaria? Quizá. Su nombre de guerra era "Argo" dicen el historiador Haynes y el periodista Vassiliev:



El libro se llama Spies: The Rise and Fall of the KGB (Espías: ascenso y caída de la KGB) y lo escriben el historiador John Earl Haynes; el profesor de Historia y Política Harvey Klehr y el periodista Alexander Vassiliev. Vassiliev es la clave: el hombre fue agente de la KGB y el libro se basa en las notas que tomó cuando, en los años 90, tuvo acceso a lor archivos de Inteligencia de la era de Stalin.El apartado sobre Hemingway recoge su legajo. Allí, cuentan, figura que el autor se acercó al Partido Comunista en Madrid, durante la Guerra Civil, y fue reclutado por la KGB en 1941. Dicen, también, que su nombre de guerra era "Argo" y que "expresó repetidamente su deseo de ayudarnos", en reuniones con agentes soviéticos en la Habana y Londres, en los años 40. Sin embargo, consignan, falló en "dar alguna información política" y nunca se verificó que hiciera "ningún trabajo práctico", de modo que los contactos con Argo cesaron hacia el final de la década.¿Habrá sido -especulan- un pseudo espía, que buscaba en sus actividades clandestinas material literario? ¿O su participación fue genuina pero inefectiva?En los años 50 se pensó en retomar el contacto pero el informe sobre el autor lo desaconsejó: "Se dice que apoya a los trotskistas y que atacó a la Unión Soviética en sus artículos y panfletos."

11 julio, 2009

Nabokov en Playboy

La cubierta esfumada del libro fue realizada por Chip Kidd, uno de los diseñadores más prestigiosos de EE.UU. Fuente: revistañ

Como ya se sabe, Dimitri Nabokov, de 74 años, contó -el año pasado -a la revista Der Speigel que desobedecería la voluntad de su padre: Destruir la novela que dejó inconclusa Nabokov al morirse en julio de 1977: El original de Laura. Una larga disputa legal y familiar terminó con la decisión de desobedecer las órdenes del multi-lingual novelista ruso. Solo la han leído su hijo, Dimitri, su viuda, Vera, y un puñado de académicos. Pero -y lo creo- "no era justo privar al mundo de la última obra de uno de los grandes novelistas del siglo XX". Sin embargo, lo que sí es nuevo, al menos para nosotros, es que un fragmento de esta novela prohibida por su propio autor aparecerá en la edición de diciembre de la revista Playboy. Aunque a muchos les sorprenda, esta revista ya ha tenido experiencia publicando a autores reconocidos: Capote, Miller, Updike...El mismo Vladimir Nabokov publicó fragmentos de su Lolita y de Ada. Esperemos a diciembre. La novela póstuma de Nabokov será publicada en Playboy:


Existía antes (cuando la literatura aún importaba) un viejo mecanismo de defensa al que los hombres estadounidenses echaban mano cuando alguna novia o amiga los pescaba con una revista Playboy. Decían, sin pestañar y con cara seria: "Ah, eso. Yo la compro por los artículos". Y es que Playboy, aparte de ser una publicación pionera del porno-soft también ha tenido, en los Estados Unidos, una rica historia literaria. Norman Mailer escribió en sus páginas; hubo una histórica entrevista con Marshall McLuhan; Alex Haley entrevistó a Martin Luther King entre fotos de bellezas desnudas (blancas). En 1968, publicaron cuentos de Alberto Moravia y un debate entre Truman Capote, Lawrence Durrell, James T. Farrell, Allen Ginsberg, Le Roi Jones, Arthur Miller, Henry Miller, Norman Podhoretz, Georges Simenon, Isaac Bashevis Singer, William Styron y John Updike. Bueno, estos antecedentes bastan para darse una idea. Ahora las cosas no son como ayer, pero en un gesto a su pasado literario la edición estadounidense de Playboy publicará un adelanto de la controversial novela póstuma de Vladimir Nabokov. (...) Según un artículo de The Wall Street Journal en su edición de hoy, la prestigiosa revista literaria The New Yorker rechazó la oferta de publicar un adelanto de la novela que trata de la tristeza de un hombre que tiene una esposa promiscua y que recuerda, a la vez, una vieja obsesión sexual con una chica más joven que él. El sitio de Amazon.com ya anuncia la fecha de publicación de la novela para el 17 de noviembre de este año por la prestigiosa casa Alfred Knopf, mientras que la mencionada nota de The Wall Street Journal afirma que el fragmento de 5000 palabras de la novela que será publicado en Playboy saldrá en su edición de diciembre de este año. Nabokov tenía una manera curiosa de escribir sus novelas: lo hacia en fichas. Según adelanta Amazon, el manuscrito de El original de Laura consistía de 138 fichas. Como libro tendrá un total de 304 páginas, el subtítulo de Una novela en fragmentos y llevará un prefacio de Dimitri Nabokov que, seguramente, justificará su decisión de desobedecer los deseos escritos de su padre. No será, por otro lado, la primera vez que Nabokov aparezca en las páginas de la revista erótica y de la buena vida. En 1969 un largo extracto de su novela Ada fue publicado en Playboy, revista que además en 1964 había publicoado una larga entrevista con el autor.

10 julio, 2009

Las pestes en la literatura

A veces, la literatura es prisma por el que se refractan muchos sucesos que la humanidad ha vivido o quizá vivirá. Pienso en La carretera de Cormac McCarthy y me da escalofrios. Las pandemias -en buena cuenta- han sido un tema recurrente desde el siglo VI, tal como lo demuestra el artículo de Patricia Suárez en Revista Ñ. "En algunas ocasiones, los escritos sobre catástrofes tienen el mero objeto de ser una crónica de los sucesos de un pueblo, pero en otros se convierten en verdaderas obras literarias". Las pestes narradas, en un repaso por grandes obras de la literatura:


Un escritor es como un perro al que le tiran un hueso. Acontecimientos históricos, situaciones dramáticas, revoluciones sociales, cataclismos y hasta la peste, lo estimulan a escribir. La peste -la pandemia- es un leit motiv sobre una situación límite: siendo como es, desastre de la Naturaleza, plantea una guerra al organismo y a la sociedad. Por una parte, las únicas y últimas armas con que cada persona cuenta para enfrentarla son las de su sistema inmunológico; y por otra exige a quienes gobiernan un pueblo, la información, solidaridad, medidas sanitarias y asistencia necesarias para sobrevivir. Un estado empestado, enfermo, es un estado de guerra, será la conclusión de Albert Camus en su novela La peste (1947). (...) Procopio de Cesarea, primer escriba o archivista del tiempo de Justiniano, registró en su Historia la primera pandemia de la que el mundo tiene conocimiento, que comenzó en el 540 d. Cristo y asoló el reino de Bizancio, diezmando su población en un 40%. Los síntomas que Procopio describe son propios de la llamada peste bubónica, aunque por ese entonces no se la definió así, sino que se la llamó -y así pasó a la historia- como la plaga justiniana. Nadie supo por qué remitió la peste, y la gente empezó a pensar en fenómenos cíclicos.Sin embargo la Peste con mayúscula, la que redujo a la mitad la población de Europa y que grabó para siempre una huella mnémica en los hombres de horror a las ratas, fue la de 1348. Según Giovanni Villani, autor de las Crónicas Florentinas, la peste comenzó el año anterior luego del desembarco de cuatro galeras genovesas que provenían de Turquía. Traían a bordo unas ratitas negras, las cuales eran picadas por una pulga que luego pasó a picar a los humanos. Villani relata que el conteo de las muertes era siempre grosso modo, porque no hubo censos ni precisiones por la rapidez con que atacó la peste. Las glándulas de ingles y axilas se hinchaban en forma de bubas -lo que dio a la enfermedad el nombre de peste bubónica- y muslos y brazos se cubrían de manchas negras; el enfermo moría de tres a cinco días después. Los sacerdotes que los asistían en sus últimos momentos, acababan contagiados; por eso el Papa decreto el perdón de los pecados a los sacerdotes que no se animaran a servir a los moribundos. (...) Muchos, según Bocaccio, no pensaban lo mismo: sobre un grupo de hombres y mujeres que huyen a la campiña, erige él su Decamerón. También la peste negra cesó, sin que nadie supiera a que se debió. Hoy se sabe que es un bacilo llamado Yersinia -su descubridor fue Alexander Yersin- y que la peste puede ser controlada tanto con medidas preventivas como en individuos afectados. Quinientos años después del libro de Bocaccio, cuando ya la peste es curable, Albert Camus finalizará su La peste diciendo que se esconde y acecha en cualquier parte.Pero antes de que la ciencia diera cierta calma a los humanos, la peste asoló otra vez Europa en 1664, haciendo foco esta vez en Holanda y desparramándose por el continente. También aquí se debió a que unos marinos desembarcaron sus mercaderías de Turquía. Para ese entonces, Daniel Defoe tenía cinco años y en 1722 escribió la novela Diario del Año de la Peste relatando los acontecimientos, con ese estilo innovador, entre la ficción y el periodismo. Quien narra la crónica es un talabartero que prefiere no abandonar su negocio en Londres. (Alberto Moravia escribirá en 1957 La Campesina, haciendo jugar las equivalencias entre peste y guerra: una almacenera tampoco quiere abandonar su negocio en la Italia en guerra y cuando lo hace, se sume en la desgracia). El talabartero de Defoe sobrevive a la peste y es testigo de los estragos: el remate de su novela es una rima que él solía repetirse como una oración mágica personal: "Una terrible peste hubo en Londres/ En el año sesenta y cinco/ Que arrasó con cien mil almas/ ¡Y sin embargo estoy vivo!"

09 julio, 2009

Vargas Llosa: "Su idea del Perú es la de una patria que puede acomodar la diversidad"

Mario Vargas Llosa, con motivo del 400 aniversario de la publicación de los Comentarios Reales de los Incas del Inca Garcilaso de la Vega, fue invitado por la British Library para hablar del cronista mestizo considerado como el "primer escritor peruano (en el sentido de mestizaje)". Vargas Llosa resaltó al Inca como el punto de partida de la universalización de la lengua castellana y como el referente hispano-americano de un "humanismo sin fronteras":

Esta obra convirtió al Inca Garcilaso en "el primer escritor de su era en hacer que la lengua de Castilla trascendiera fronteras", en palabras del escritor y académico, que estuvo acompañado por el historiador británico John Hemming, uno de los grandes conocedores de la cultura inca, y del psicoanalista peruano Max Hernández. Según Vargas Llosa, el Inca -considerado el primer mestizo de Perú y el gran cronista de la Historia antigua de su país- "perpetró un robo lingüístico y literario de imprevisibles consecuencias: tomó posesión del español, la lengua de los conquistadores, y la convirtió en una propiedad del mundo entero". Pero su legado fue más allá del puramente literario o historiográfico, ya que fue también un pionero a la hora de entender que Perú tenía que ser visto como una tierra de diversidad. El Inca Garcilaso vio que "no hay incompatibilidad entre el patriotismo inca y el patriotismo español", argumentó Vargas Llosa, quien por esta razón opinó que "nadie debería utilizar sus bellas páginas para propósitos o prejuicios nacionalistas". "El autor de Los Comentarios Reales es lo diametralmente opuesto a las limitaciones nacionalistas. Su idea del Perú es la de una patria que puede acomodar la diversidad, que admira la capacidad de los incas para abrirse a otras culturas e incorporarlas a su propia alma", manifestó. En este sentido, recordó que el Inca Garcilaso, hijo de español y de inca, "logró ser muchas cosas sin traicionar ninguna de ellas: indio, mestizo, blanco, hispanohablante, quechuahablante, italianohablante, un hombre de Cuzco y de Montilla, indio y español, americano y europeo, un hombre universal". Su concepto de patria fue el de "un vasto conglomerado que más o menos coincide con la Humanidad en general", destacó Vargas Llosa, quien defendió que este concepto "deriva de sus intuiciones, de sus lecturas universales, de su sensibilidad y de ese humanismo sin fronteras que absorbió de la literatura renacentista".

Adiós Enrique Congrains Martin

Enrique Congrains Martín, uno de los más reveladores escritores del realismo urbano de la generación del 50, falleció el lunes en Cochabamba, Bolivia, a los 77 años. Según informó ayer su hijo Alfredo Congrains, el novelista presentó el domingo problemas respiratorios y fue internado de emergencia en un hospital de la ciudad andina. Su salud se resintió a eso de la 1 p.m., y le sobrevino un paro cardíaco. Conocido por su carácter complejo y extravagante, el autor de una novela tan cruda como “No una, sino muchas muertes” y de cuentos tan conmovedores como “El niño de junto al cielo”, Congrains Martín (Lima, 1932), desapareció del medio literario local para emprender fuera del país proyectos editoriales ajenos a la literatura. En palabras de Oswaldo Reynoso: Congrains "contaba sobre la pobreza urbana pero no desde arriba (...) lo hacía desde la misma calle, pues era un escritor que sentía afecto por las clases populares. En las pocas veces que lo tarté me di cuenta que era un compañero leal". Descansa en paz.

06 julio, 2009

Los poemas no reconocidos de Borges

El artista Guillermo Roux cuenta cómo el escritor le entregó a su mujer seis de sus poemas ( uno fue reconocido pero los demás son 5 sonetos que se le atribuyen a Borges, publicados en distintos medios del mundo). Un camino que se inició hace casi 24 años. Poemas que habrían sido de Borges, en una historia digna de un cuento:

Es una historia rara, rarísima. Bien podría ser un cuento de Borges", comenta el artista plástico Guillermo Roux mientras escarba papeles desparramados en la mesa de su casa. Claro que no son papeles cualquiera, se trata de las copias de seis poemas que, cuenta Roux y su compañera Franca Beer, Borges les entregó en setiembre de 1985. Uno de los cuales apareció dos años más tarde en el bolsillo del médico colombiano Héctor Abad, el día en que fue asesinado, y décadas después movilizó a su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, en la búsqueda y verificación de su origen. Sólo uno de los poemas, titulado "El testigo" estaba incluido en Obra poética, de Borges publicada por Emecé en 1977, los demás no forman parte de la obra editada del autor de Ficciones, sólo anduvieron un camino de sombras, un camino propio que ahora parece replegarse sobre la mesa y los recuerdo de Franca Beer y Guillermo Roux."Debería comenzar por el principio", postula Beer y aclara que todo se inició con un pedido de su amigo Jean Dominique Rey, el poeta, crítico de arte y periodista francés que tras una temporada en Buenos Aires, durante la cual trabajó en la obra de Roux para lo que serían los textos de un libro sobre el artista que publicó La Rizzoli de Nueva York en 1986, les manifestó a sus amigos el deseo de ver a Borges. "Nosotros que conocíamos a Borges desde hacía tiempo le pedimos una entrevista a la accedió sin problemas. Arreglamos un día y fuimos los tres", explica Beer.En el encuentro, Rey conversó con el poeta mientras Roux le realizó un retrato -que aquí se reproduce por primera vez- y Beer hizo algunas fotos. Antes de retirarse, según cuentan, el francés le pidió a Borges algunos poemas para publicar junto a la entrevista, y éste accedió diciendo que buscaría algunos y se los daría al día siguiente. Pero aquel 29 de septiembre de 1985, era él último día de Rey en Buenos Aires por lo que la encargada de pasar por los poemas, para remitírselos al francés, fue Beer."Cuando llegué a su casa, al otro día, Borges me dijo que no había buscado aún los poemas pero que yo podía ayudarlo. Me pidió que fuera a su dormitorio, a un cajón en el que había varios papeles sueltos y se los leyera. Yo estaba emocionada y leía de corrido así que él me frenó y me dijo: 'No, no. Así, no. Los poemas se leen haciendo una pausa después de cada verso, sino no se alcanza a percibir su ritmo'. Volví a intentarlo. Leímos varios y él me iba diciendo cuál tomar y cual no", cuenta Beer. Hace algunos silencios, busca entre las imágenes de aquel encuentro y agrega: "En un momento di con un poema que no tenía título y se lo comenté. El escuchó mi lectura y preguntó: '¿Y qué titulo le ponemos?'. Dije un título obvio, que a él no le gustó, así que lo descartó y me dictó otro". Beer relee ahora aquellos papeles en los que copió los poemas que luego envió a Rey, y muestra un ejemplar de la revista cultural parisina Supérieur Inconnu, donde salieron publicados, junto a la entrevista y el retrato de Roux, recién en 1996. Para entonces los poemas ya habían hecho su propio camino. Beer se los había pasado a su amigo Coco Romairone, quien a su vez se los había dado a Jaime Correas, por entonces un estudiante mendocino, que propició una reducida edición. Hasta ahí el relato de Roux y Beer. De cómo llegó uno de los poemas a manos del doctor Abad surge de la historia que a partir de su hallazgo tejió su hijo Abad Faciolince, que acaba contar en el Festival Malpensante, en Colombia, y que se publicó en esta sección el martes 30 de junio. Pruebas más, pruebas menos, los poemas andan también dando vueltas por Internet, y el poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio se los adjudica como un ejercicio de emulación del maestro.Roux y Beer desandan sus memorias, hay cosas que se les pierden, pero ponen los papeles sobre la mesa. Al momento, María Kodama no arriesga un juicio: "No quiero decir que son ni que no son de Borges. En lo que respecta a Roux puede ser... ellos tenían una relación. Aunque Borges no era una persona de dejar cosas sueltas, todo lo contrario. En este caso tendría que ver bien los textos y hablar con Roux, con Beer y Rey", dijo a Clarín el viernes, tras exponer en el Foro Internacional de Traducción "Borges, entre el escritor y el traductor".

22 junio, 2009

Saramago: "más, pero peor"

En una reciente entrevista para Revista Ñ, el Nobel José Saramago declaró que "con los blogs se está escribiendo más, pero peor". Aquí le dejo las picantes y entretenidas respuestas (para no caer en la sentencia anterior):
.
-Qué tipo de ideas destina al blog?
-Ninguna en particular. Los sismógrafos no eligen los terremotos, reaccionan a los que van ocurriendo. El blog es eso, un sismógrafo. Aquellos que me han leído saben que pueden encontrarse cada día ante algo totalmente inesperado.

-¿Hay una forma distinta de escribir para el blog (más rápido, sin tanta corrección...)?
-No falta quien piense mucho para responder: "La practica del blog ha llevado a la escritura a muchas personas que antes poco o nada escribían". Lástima que muchas de ellas piensen que no merece la pena preocuparse con la calidad de estilo de lo que se escribe. El resultado está siendo que, a la vez que se escribe más, se está escribiendo peor. Personalmente cuido tanto del texto de un blog como de una página de novela.

-Al principio del libro usted escribe "El blog va iluminándole el camino al autor". ¿Qué significa eso?
-Si el blog es un espacio para la reflexión, y yo intento siempre que lo sea, no debe sorprender que ilumine a quien lo escribe. Es una consecuencia lógica

-¿Hubo algo que tuviera miedo de publicar?
-No. No soy mucho de miedos.

-¿Aparece un Saramago más explícitamente político en el blog que en las novelas?
-Una novela como "Ensayo sobre la lucidez" es más explícitamente política que todos mis blogs.

-Sin embargo, el blog sigue los hechos del mundo día a día ¿Qué es lo que más le preocupa?
-La crisis del mundo, la mierda en la que estamos metidos, la falta de perspectivas para salir. Y que la izquierda no ha encontrado una vía para solucionar este caos. Porque la crisis es la manifestación del caos en que, aunque sin saberlo, sin querer penar en ello, estábamos instalados desde hacia años. Ahora el castillo de naipes se ha venido abajo: a ver de qué manera construimos para seguir viviendo. No será con las recetas del FMI, a ver qué vías absolutamente democráticas encontramos. Sobre eso voy escribiendo cada día, sobre esto me interpelo.

Las mujeres de Hemingway

Hemingway y su tercera esposa, Pauline Pfeiffer.


Fotos y documentos de las relaciones de Ernest Hemingway con sus esposas, amantes y secretarias se exhiben en una de las exposiciones presentadas en el XII Coloquio Internacional sobre la figura del escritor norteamericano que comenzó el jueves pasado en La Habana. Las mujeres de Hemingway son la gran atracción de un encuentro internacional sobre el escritor en Cuba


La muestra reúne fotos, documentos y objetos que estarán expuestos todo el año en la famosa habitación 511 del Hotel "Ambos Mundos" de la capital cubana, donde Hemingway vivió en la década del treinta. Las imágenes de Agnes Von Korowsky, la enfermera que fue su primer amor e inspiró la novela Adiós a las armas, comparten espacio con las fotografías de sus esposas Hadley Richardson, Marta Gelhorn, Pauline Pfeiffer y Mary Welsh, y de algunas de sus amantes como la cubana Leopoldina. Imágenes de De Gelhorn, quien fue escritora y periodista y la primera esposa con la que el Nobel de Literatura convivió en la isla, se exponen algunos objetos personales y libros dedicados a Hemingway. También se exhiben cartas de Welsh, su cuarta y última esposa; un telegrama de la canadiense Jane Mason, que fue amante del escritor en La Habana en los años treinta; y un libro de poemas de la italiana Adriana Ivancich, otro de sus amores. En su libro de memorias La torre blanca, Adriana publicó fragmentos de cartas de Hemingway, quien se refería a ella como "mi amor último y verdadero". Además le escribía, "No soy un escritor lo bastante bueno como para poder decirte todo lo que te echo de menos". Adriana en tanto reflexiona en su obra: "A menudo tuve la impresión de estar junto a un jovenzuelo. A veces me daban ganas de protegerlo contra sí mismo". Gianfranco Ivancich, el hermano de la amante de Hemingway, "defendió la idea de que tuvieron un amor platónico. Pero yo creo que por la forma en que plasma en su obra a Renata, el alter ego de Adriana, es más que eso. Yo creo que fue un amor apasionado y tierno, si no fue carnal", opinó -ante la consulta de la agencia ANSA- Ada Rosa Alfonso, directora de la casa museo Hemingway . Sin embargo, uno de los personajes más atractivos de la muestra es Leopoldina, la prostituta cubana que Hemingway dejó reflejada en su libro "Islas en el Golfo" y que conoció en el bar "Floridita" de La Habana. "Es un tema muy carismático. Todos los visitantes quieren conocer cuántas mujeres tuvo Hemingway", explicó a Efe Esperanza García, a cargo del patrimonio del escritor en el Hotel "Ambos Mundos". Según la especialista, los turistas que visitan la habitación siempre "le achacan un romance nuevo" al autor de El Viejo y el mar. "Si llega un japonés, dice que Hemingway se enamoró en Japón. Si es un finlandés, también le busca novias en su país", añadió García. La muestra ha sido completada con el patrimonio que atesora la Casa Museo Hemingway en "Finca Vigía", ubicada en las afueras de La Habana, y donde el escritor vivió largas temporadas desde 1939 hasta poco antes de su muerte.

30 mayo, 2009

I Premio Cámara Peruana del Libro de Novela Breve 2009

La Cámara Peruana del Libro, con la finalidad de conmemorar el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, así como alentar la creatividad literaria de nuestra población, el fomento de lectura y promover la oferta editorial convoca al I Premio Cámara peruana del Libro de Concurso de Novela Breve 2009. El Premio es de 10000 y la publicación de la obra. Bases: Aquí

13 mayo, 2009

Homenaje a Onetti en el CC España


“LA PERFECTA REGULARIDAD DE LA MAESTRÍA”
Homenaje a Juan Carlos Onetti

La Embajada de España, La Embajada de Uruguay y el Centro Cultural de España, en el marco de las celebraciones por el centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti, escritor fundamental en la literatura latinomericana, han organizado dos días de conferencias, en las que se desarrollarán interesantes temas que nos acercarán un poco más a su vida y obra. Estas conferencias estarán bajo la presidencia de honor de Mario Vargas Llosa.

Jueves 14 (7:00 p.m.)
Conferencia La ficción como una realidad autónoma: asedios a la obra de Juan Carlos Onetti. A cargo de Pablo Rocca (Uruguay), Miguel Gutiérrez y Sonia Luz Carrillo (Perú). Modera: Juan Manuel Chávez (Perú).

Viernes 15 (7:00 p.m.)
Conferencia Un acercamiento testimonial a Juan Carlos Onetti. A cargo de Hortensia Campanella (Uruguay/España) y Mario Vargas Llosa (Perú). Modera: Javier Arévalo (Perú).

10 mayo, 2009

El caso Casement


Del irlandés Sir Roger Casament se va conociendo más datos, en gran medida, porque es el personaje principal del nuevo proyecto novelesco de Vargas Llosa (El sueño del Celta). Hoy, George Simons Pardo, en El Dominical, publica un artículo pasando revista a la vida de este Caballero de la Corona. El extraño caso de Roger Casement:

En abril de 1916, en plena Primera Guerra Mundial y pocos meses antes del fallido alzamiento irlandés de Pascua, Roger Casement fue capturado en un ambiguo episodio de tráfico de armas entre radicales irlandeses y alemanes. A pesar de que el incidente no sucedió en suelo británico —por lo que no le correspondía la pena capital—, Casement fue ejecutado.
Roger guardaba sus experiencias en dos grupos de diarios. En uno registraba sus aventuras humanitarias y en el otro describía con sumo detalle sus encuentros homosexuales, algo depravados incluso para nuestra época. Tras su captura, estos documentos fueron incautados. En una sociedad en la que Oscar Wilde había sido castigado en 1895 a dos años de trabajo forzoso por “cometer actos groseros con otros varones”, Casement negó la autoría de sus diarios. Sin embargo, el director de la inteligencia naval británica, Reginald Hall, los hizo públicos, con lo que arruinó las campañas de los seguidores de Casement para liberarlo.
=
La tesis de la manipulación
En vísperas de las elecciones de 1924, el mismo Reginald Hall participó en la divulgación de “la carta de Zinoviev”, presidente de la Komintern rusa, dirigida a Mac Manus presidente del partido comunista inglés, en la que recomendaba directamente avivar la agitación social en el Reino Unido. La autenticidad de la carta no estaba comprobada pero igualmente la divulgaron y el partido laborista perdió los comicios. Entre los defensores de Casement, estas acciones reforzaron la tesis de que los diarios habían sido manipulados por la inteligencia británica. Fue entonces que se decretó el secreto de Estado sobre el caso de los diarios de Casement.
=
Casement y el genocidio peruano
Cuando estuvo destacado en Brasil, en 1906, los ecos de sus hazañas en el Estado Libre del Congo (1883-1904) contra el genocidio llevado a cabo por Leopoldo II de Bélgica lo señalaban como el agente consular idóneo para verificar las denuncias de los viajeros norteamericanos W. Hardenburg y W. Perkins, acerca de las brutales torturas y asesinatos en la selva del Putumayo. Empresas colombianas y peruanas, como la de Julio César Arana, entre otros, abastecían de caucho a Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos, esclavizando para ello a los nativos de la Amazonía.
A comienzos del siglo XX, la presencia estatal en el Putumayo era confusa, las fronteras eran objeto de disputa entre Colombia y el Perú, donde la diplomacia vaticana actuaba como árbitro desde 1904.
Si bien Arana no era ciudadano británico, gracias al informe de Casement tuvo que responder ante la Cámara de los Comunes pues su Peruvian Amazon Company cotizaba en la bolsa de Londres. La defensa de Arana consistió en refugiarse tras la peruanización de la Amazonía: su empresa encarnaba los intereses nacionales peruanos por civilizar y llevar la presencia estatal y religiosa a la región. Los crímenes (esclavización por deudas y expropiaciones de tierras en el Putumayo) eran, según su versión, exageraciones de sus enemigos colombianos. Se comprobó, sin embargo, que la caída de los precios del caucho en 1907 llevó a Arana a exigir a sus capataces incrementar la extracción, lo que intensificó las “correrías” para conseguir más esclavos nativos. Si en el Congo se contaban por millones, en el Amazonas los crímenes se contaban por miles. Y no fue la intervención estatal peruana la que llevó la explotación del caucho a su fin —de hecho Arana llegaría al Senado del Perú como representante por Loreto—, sino el agotamiento del recurso natural.
-
Existencia póstuma reciente
La reciente biografía de Séamas Ó Síochain, “Roger Casement: Imperialist, rebel, revolutionary” (Roger Casement: Imperialista, rebelde, revolucionario) ofrece una lectura amplia de una vida compleja, con episodios fascinantes como su participación en misiones de la inteligencia británica durante la Guerra de los Boers o en la crisis de Fashoda, en el Sudán. Mario Vargas Llosa aporta una nueva tesis al debate en “El sueño del celta”, título tentativo de la nueva novela que escribe basada en este personaje. Según el escritor, los diarios habrían sido en parte ficcionados por el propio Casement, acentuando así los innumerables reflejos entre memoria y fantasía, entre historia escrita e historia vivida que aún hoy lucha por ser comprendida.
Casement no podía pensar en los nativos del Congo y del Amazonas peruano si no como seres humanos esclavizados. Desarrolló, pues, una actitud contestataria hacia autoridades gubernamentales y comerciantes que expropiaban la tierra y los derechos de los nativos.
Cuando comprobó que eso también sucedía en su Irlanda natal, renunció al cuerpo diplomático en 1912 y se dedicó a la causa irlandesa. Convencido de que la compra de armas a los alemanes por parte de los rebeldes irlandeses en vísperas de la Pascua de 1916 era una locura, quiso impedirlo y fue en dicho intento que resultó capturado y luego ejecutado. Recordarlo equivale a tener presente el común denominador que hoy pervive entre Sudamérica y África: las poblaciones aledañas a zonas ricas en recursos naturales son, paradójicamente, pobres, maltratadas y olvidadas.
-
La verdad sale a la luz
En 1959 el periodista inglés P. Singleton Gates logró publicar los diarios de Casement en París. Luego Angus Mitchell avivaría la controversia sosteniendo que en 1910 Casement, por una enfermedad a los ojos, escribió parte de sus diarios en lápiz, lo que los hizo fácilmente manipulables. Pero lo que llevaba a pensar en el plagio fue la divergencia en las descripciones, como si cada evento fuera narrado por dos psyches distintas: un Dr. Jekyll en los llamados “Diarios blancos”, y un Mr. Hyde en los “Diarios negros”. La polémica continuó hasta que un análisis forense realizado por la doctora Audrey Giles en el 2002 demostró que los diarios fueron escritos de puño y letra de Casement
.
Más datos:
- Las raíces de lo humano, por Mario Vargas Llosa

¿De qué comeremos entonces?...señores de Google books???


Que todo el conocimiento esté al alcance de un click es algo que ni siquiera el mismo Borges hubiera imaginado. Google desde hace unos años ha planteado dicha posibilidad, y en gran medida, lo viene realizando. Sin embargo, en este colosal sueño se olvidan que en la cadena de producción, elaboración y recepción de un libro, hay agentes acaso necesarios. O por lo menos usuales. ¿Dónde quedarán los editores, las papeleras, los derechos de autor y hasta los sentimientos de los románticos amantes del libro de papel y tinta? ¿De qué comerán si todas las ganancias van al insaciable bolsillo de Google? Diego Otero, en El Dominical, hace un balance al mentado problema. ¿La biblioteca absoluta?

Jugar o no jugar monopolio
La historia es más o menos así. El 2004 Google realiza una serie de contratos con algunas de las más grandes bibliotecas públicas del mundo. El buscador informático se compromete a escanear y digitalizar los libros gratuitamente, y a devolverle a cada biblioteca una copia digital de su archivo. Hasta ahí todo bien. El 2005 el gremio de autores y la asociación de editores americanos se unen y abren una demanda a la corporación por copiar material bajo derechos de autor (fragmentos, no libros enteros) y ofrecerlo en línea. Luego de una serie de negociaciones, en octubre del año pasado, finalmente, se llega a un acuerdo. Entre otras cosas, Google destinaría una cantidad inicial de 125 millones de dólares para indemnizar a los autores cuyos derechos hayan sido violados.
Ese acuerdo debería ser ratificado por un juez en junio de este año, pero es tal la cantidad de objeciones que la decisión ha sido pospuesta hasta octubre (la idea es que el juez reciba nuevas objeciones hasta setiembre, y pueda llegar a una conclusión más justa o equilibrada). Una de las objeciones más sólidas incide en el peligro de que Google sea la única empresa con una licencia explícita para ofrecer por vía digital los libros del siglo XX; libros que, por un lado, gozan de derechos de autor pero que no están en circulación; y, por el otro, los llamados libros huérfanos, es decir, aquellos protegidos por derechos de autor pero cuyos titulares no han sido identificados. La pregunta obvia es: ¿cómo así una corte permite a una empresa tener el monopolio de todos esos libros?
-
Otras objeciones
En declaraciones a la prensa, Brewster Kahle, representante de Internet Archive, una de las más importantes instituciones sin fines de lucro dedicadas a construir una biblioteca virtual, afirmó que el gremio de autores y la asociación de editores americanos convocaron una demanda colectiva. Es decir, una demanda que pretendía representar a “todos aquellos involucrados en los libros del siglo XX”. El problema, claro, es que no solo entablaron esa demanda por daños ya infligidos, sino que plantearon las reglas para negociar en el futuro. Lo que significaría, en otras palabras, que se pretende establecer todo un nuevo régimen de derechos de autor definido en relación con las necesidades y los proyectos de Google. ¿Estaríamos, entonces, no solo frente un monopolio sino a un sistema legal prácticamente hecho a medida?
El escritor peruano Iván Thays, a través de su blog (
notasmoleskine.blogspot.com), subrayó en su momento otra de las objeciones. Una que atañe directamente a los autores. En los últimos meses, luego del acuerdo ya mencionado, Google lanzó una enorme y curiosa campaña internacional —a través de los más diversos medios de prensa, invirtiendo varios millones de dólares— en la que solicitan a todos los escritores que se contacten con ellos (y no al revés, como sería lo habitual y lógico) para evitar ser digitalizados y colgados en línea. Pero eso no es lo más raro. “Si no lo hace en un plazo relativamente breve”, comenta Thays, “dan por “sentado” que el autor está conforme en ser digitalizado y pueden hacerlo libremente y, además, no tienen ningún reparo en hacer negocio luego con esa versión”.
-
¿Book stars on tour?
El futuro de los libros es digital y en línea. Eso está claro. Pero suena más que peligrosa la posibilidad de que exista una sola gran biblioteca de bibliotecas en la red, controlada por una sola gran corporación. Como dice Kahle: “Si ellos van a ser la biblioteca con la que crecerá la siguiente generación, entonces podrán decidir quién tendrá acceso a los trabajos, y si sucede que uno está leyendo un libro, entonces ellos necesariamente lo sabrán”. ¿Alguien mencionó a Orwell? El “affaire” de Google es, finalmente, una cuestión de poder y posibilidades de competencia. Pero lo más probable es que con los libros suceda lo mismo que con la industria musical. Con la salvedad de un detalle: el escritor y el editor no podrán hacer exitosos conciertos para promocionar el libro que correrá, como los discos, por los programas para compartir información que ya hoy ofrece Internet. ¿De qué comerán entonces?
-
ARCHIVOS DEL FUTURO
El programa de búsqueda de libros de Google —books.google.com— viene creando desde hace algunos años un gran archivo, a la manera de una biblioteca virtual. Para construir este archivo, Google se ha asociado con varias bibliotecas del mundo, y ha planteado un programa de afiliación para autores. De aprobarse finalmente el acuerdo entre la corporación y los demandantes (ver artículo), Google podrá mostrar ya no solo fragmentos de los más de siete millones de libros descatalogados con que hoy cuenta su archivo, sino ofrecer a la venta versiones digitales de esos mismos libros. Pero no solo eso. Google Books servirá también como una base de datos para los libros que circulan hoy día: a través del buscador uno podrá acceder a una vista previa del libro y, eventualmente, podrá adquirirlo.

Vuelve Bryce


Hoy en El Comercio, aparece un artículo a propósito de “La esposa del Rey de las Curvas”, el más reciente libro de cuentos de Alfredo Bryce Echenique. Entre otros datos acerca del libro, Bryce a confirmado que ha mudado permanentemente su laboratorio creativo a Lima (¿será por la gripe porcina?) y que está enfrascando en un nuevo proyecto novelesco: "un anti “Mundo para Julius”: la historia de una familia en decadencia a lo largo de tres generaciones". Para ello, visitará lugares de la Lima de sus recuerdos. Desear ir a "sitios viejos, a Magdalena, San Miguel, los Barrios Altos, lugares donde vivieron parientes míos o solía ir a pasear. Solo quiero saber qué es lo que siento al visitarlos, me da curiosidad volver a ver la Lima que fue, la Lima de mi infancia y adolescencia, hasta que me fui a Europa a los 25 años”. La vuelta del rebelde metafísico:

“Estaba nostálgico del género del cuento. Yo empecé con un libro de cuentos, seguí con una novela, y pensé que siempre publicaría de esa manera, alternando la ficción larga con la corta. Pero la proporción se invirtió: los cuentos pasaron a ser menos y las novelas más. Haciendo el balance de mi vida de escritor a esta edad, pensé que faltaba un quinto libro de cuentos. El proceso de este libro ha estado lleno de simbologías: escribí cinco relatos en Barcelona, donde estaba terminando de vivir, y cinco en Lima, donde estoy empezando a vivir. Pero al final quedé muy contento con el libro. Ya ha empezado a generar reacciones entre la crítica aquí, que han sido bastante positivas, y pronto lo publicaré en España con Anagrama”, asegura el escritor desde la novísima (y magnífica) biblioteca de su casa en Miraflores. “Vivimos en un mundo en el que todos escriben novelas. Pero el cuento es un género todavía más exigente, porque demanda una perfección y tiene una serie de reglas que yo no suelo cumplir, como la brevedad, la concisión, el efecto sorpresa González Vigil ha escrito algo sobre eso, precisamente, en su reseña de El Comercio: trato los cuentos como si no fueran cuentos. Ricardo Palma, para desesperación de González Prada y Luis Loayza —entre los críticos modernos, tampoco respetaba esas reglas. Es que son costumbres, no leyes”. (...) Bryce por ahora anda desandando los pasos de su propia adolescencia y juventud, mientras realiza las indagaciones pertinentes para lo que será una nueva novela, quizás la más ambiciosa de su producción última. Por ello, viene recorriendo nuevamente los escenarios de su pasado, las casas en las que vivió alguna vez, los antiguos barrios, lo que queda de aquellos paisajes que marcaron sus años formativos. “Esta investigación no es algo topográfico, porque no soy un escritor realista, como Mario Vargas Llosa, por ejemplo. Esta novela será algo así como un anti “Mundo para Julius”: la historia de una familia en decadencia a lo largo de tres generaciones. Por un lado me ha dado mucha curiosidad volver a ver sitios en los que fui muy feliz, como la casa que tenía mi abuelo en la avenida Salaverry y que luego la compró la logia masónica. Ya estoy haciendo las gestiones para poder entrar, porque los masones suelen tomar muchas precauciones, sobre todo con sus templos, como este. Con este libro quiero reencontrarme con la ciudad, aunque solo quiero ir a los sitios viejos, a Magdalena, San Miguel, los Barrios Altos, lugares donde vivieron parientes míos o solía ir a pasear. Solo quiero saber qué es lo que siento al visitarlos, me da curiosidad volver a ver la Lima que fue, la Lima de mi infancia y adolescencia, hasta que me fui a Europa a los 25 años”, asegura el escritor, quien pronto volverá a España para inaugurar los cursos de verano y dictar conferencias en la Universidad Complutense de Madrid.

Centenario de Onetti

(Montevideo, 1909 - Madrid, 1994)

Celebrar a Onetti es celebrar a uno de los más geniales narradores que ha dado latinoamericana. Se está publicando su obra reunida, se están dando mesas redondas a propósito de su obra (Dos miradas sobre Onetti, en un emotivo homenaje )y en fin, todo lo que se pueda para celebrar el centenario de su nacimiento el próximo 1 de julio. en Aquí un cuento suyo:

Bienvenido, Bob

Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob, del pelo rubio colgando en la sien, la sonrisa y los lustrosos ojos de cuando entraba silenciosamente en la sala, murmurando un saludo o moviendo un poco la mano cerca de la oreja, e iba a sentarse bajo la lámpara, cerca del piano, con un libro o simplemente quieto y aparte, abstraído, mirándonos durante una hora sin un gesto en la cara, moviendo de vez en cuando los dedos para manejar el cigarrillo y limpiar de cenizas la solapa de sus trajes claros.

Igualmente lejos —ahora que se llama Roberto y se emborracha con cualquier cosa, protegiéndose la boca con la mano sucia cuando toso— del Bob que tomaba cerveza, dos vasos solamente en la más larga de las noches, con una pila de monedas de diez sobre su mesa de la cantina del club, para gastar en la máquina de discos. Casi siempre solo, escuchando jazz, la cara soñolienta, dichosa y pálida, moviendo apenas la cabeza para saludarme cuando yo pasaba, siguiéndome con los ojos tanto tiempo como yo me quedara, tanto tiempo como me fuera posible soportar su mirada azul detenida incansablemente en mí, manteniendo sin esfuerzo el intenso desprecio y la burla más suave. También con algún otro muchacho, los sábados, alguno tan rabiosamente joven como él, con quien conversaba de solos, trompas y coros y de la infinita ciudad que Bob construiría sobre la costa cuando fuera arquitecto. Se interrumpía al verme pasar para hacerme el breve saludo y no sacar los ojos de mi cara, resbalando palabras apagadas y sonrisas por una punta de la boca hacia el compañero que terminaba siempre por mirarme y duplicar en silencio el silencio y la burla.

A veces me sentía fuerte y trataba de mirarlo: apoyaba la cara en una mano y fumaba encima de mi copa mirándolo sin pestañear, sin apartar la atención de mi rostro que debía sostenerse frío, un poco melancólico. En aquel tiempo Bob era muy parecido a Inés; podía ver algo de ella en su cara a través del salón del club, y acaso alguna noche lo haya mirado como la miraba a ella. Pero casi siempre prefería olvidar los ojos de Bob y me sentaba de espaldas a él y miraba las bocas de los que hablaban en mi mesa, a aveces callado y triste para que él supiera que había en mí algo más que aquello por lo que había juzgado, algo próximo a él; a veces me ayudaba con unas copas y pensaba “querido Bob, andá a contárselo a tu hermanita”, mientas acariciaba las manos de las muchachas que estaban sentadas a mi mesa o estiraba una teoría sobre cualquier cosa, para que ellas rieran y Bob lo oyera.

Pero ni la actitud ni la mirada de Bob mostraban ninguna alteración en aquel tiempo, hiciera yo lo que hiciera. Sólo recuerdo esto como prueba de que él anotaba mis comedias en la cantina. Tenía un impermeable cerrado hasta el cuello, las manos en los bolsillos. Me saludó moviendo la cabeza, miró alrededor enseguida y avanzó en la habitación como si me hubiera suprimido con la rápida cabezada: lo vi moverse dando vueltas a la mesa, sobre la alfombra, andando sobre ella con sus amarillentos zapatos de goma. Tocó una flor con un dedo, se sentó en el borde de la mesa y se puso a fumar mirando el florero, el sereno perfil puesto hacia mí, un poco inclinado, flojo y pensativo. Imprudentemente —yo estaba de pie recostado contra el piano— empuje con mi mano izquierda una tecla grave y quedé ya obligado a repetir el sonido cada tres segundos, mirándolo.

Yo no tenía por él más que odio y un vergonzante respeto, y seguí hundiendo la tecla, clavándola con una cobarde ferocidad en el silencio de la casa, hasta que repentinamente quedé situado afuera, observando la escena como si estuviera en lo alto de la escalera o en la puerta, viéndolo y sintiéndolo a él, Bob, silencioso y ausente junto al hilo de humo de su cigarrillo que subía temblando; sintiéndome a mí, alto y rígido, un poco patético, un poco ridículo en la penumbra, golpeando cada tres exactos segundos la tecla grave con mi índice. Pensé entonces que no estaba haciendo sonar el piano por una incomprensible bravata, sino que lo estaba llamando; que la profunda nota que tenazmente hacía renacer mi dedo en el borde de cada última vibración era, al fin encontrada, la única palabra pordiosera con que podía pedir tolerancia y comprensión a su juventud implacable. Él continuó inmóvil hasta que Inés golpeó la puerta del dormitorio antes de bajar a juntarse conmigo. Entonces Bob se enderezó y vino caminando con pereza hasta el otro extremo del piano, apoyó un codo, me moró un momento y después dijo con una hermosa sonrisa: “Esta noche es una noche de lecho o de whisky? ¿Ímpetu de salvación o salto en el vacío?”.

No podía contestarle nada, no podía deshacerle la cara de un golpe; dejé de tocar y fui retirando lentamente la mano del piano. Inés estaba en la mitad de la escalera cundo él me dijo: “Bueno, puede ser que usted improvise”.

El duelo duró tres o cuatro meses, y yo no podía dejar de ir por las noches al club —recuerdo, de paso, que había campeonato de tenis por aquel tiempo— porque cuando me estaba por algún tiempo sin aparecer por allí, Bob saludaba mi regreso aumentando el desdén y la ironía en sus ojos y se acomodaba en el asiento con una mueca feliz.

Cuando llegó el momento de que yo no pudiera desear otra solución que casarme con Inés cuanto antes, Bob y su táctica cambiaron. No sé cómo supo mi necesidad de casarme con su hermana y de cómo yo había abrazado esa necesidad con todas las fuerzas que me quedaban. Mi amor por aquella necesidad había suprimido el pasado y toda atadura con el presente. No reparaba entonces en Bob; pero poco tiempo después hube de recordar cómo había cambiado en aquella época y alguna vez quedé inmóvil, de pie en la esquina, insultándolo entre dientes, comprendiendo que entonces su cara había dejado de ser burlona y me enfrentaba con seriedad y un intenso cálculo, como se mira un peligro o una tarea compleja, como se trata de valorar el obstáculo y medirlo con las fuerzas de uno. Pero yo no le daba ya importancia y hasta llegué a pensar que en su cara inmóvil y fija estaba naciendo la comprensión por lo fundamental mío, por un viejo pasado de limpieza que la adorada necesidad de casarme con Inés extraía de debajo de los años y sucesos para acercarme a él.

Seguir leyendo: Aquí

Reynoso editado en Argentina

Carátula de Radar Libros. Fuente: radarlibros Carátula de Radar Libros. Fuente: radarlibros Carátula de Radar Libros. Fuente: radarlibros
Carátula de Radar Libros. Fuente: radarlibros
.
Y cuando hace unos meses se debatía el por qué José Miguel Oviedo no había incluído en su Historia de Literatura hispanoamericana a Oswaldo Reynoso, y la respuesta era que la obra del autor arequipeño no tenía una repercusión continental. Ahora, con esta noticia, habrá que volver analizar dicha postura. "Contemporáneo de Julio Ribeyro y Mario Vargas Llosa, Oswaldo Reynoso es uno de los secretos mejor guardados y aún muy resistido de la literatura peruana (el subrayado es mío). En los ’60, Reynoso, declarado marxista, publicó Los inocentes, suerte de Juguete rabioso limeño, libro que provocó reacciones bien encontradas. Ahora se publica en Argentina En octubre no hay milagros (Ediciones El Andariego), su segunda novela de 1965. Homoerotismo, miseria y vitalidad en un momento crucial en que la ciudad se expandía hacia sus propios límites". Así se presenta el extenso artículo de Mariana Enriquez en Radarlibros. El marxista rabioso:

En octubre no hay milagros no fue un libro bien recibido por la crítica allá por mediados de los ’60, y eso a pesar de que el primer libro de Reynoso, Los inocentes (1961), había sido celebrado nada menos que por José María Arguedas. En el influyente diario El Comercio, por ejemplo, el crítico José Miguel Oviedo escribió: “Trataremos a su autor como lo que evidentemente es: un autor fascinado por la abyección, la morbosidad y la inmundicia en que se revuelca el hombre de esta misma pudibunda ciudad. Las relaciones sexuales son un camino de perfección en la perversidad: la sodomía no basta y se le injertan estímulos (drogas, bestialismo, alcohol). Hay páginas hediondas que deben arrojarse, sin más, a la basura y el autor es un marxista rabioso”. Extrañamente, entre los poquísimos defensores de En octubre no hay milagros –novela que, sin más, podemos considerar uno de los frescos urbanos más importantes de la literatura latinoamericana– fue Mario Vargas Llosa, quien hoy está a mundos de distancia de Reynoso en cuanto a sus opiniones políticas. Pero entonces supo ver la importancia de esta flor en la mugre: “La novela de Reynoso no es pornografía ni es obscena”, escribió en Expreso, 1966: “Es un libro de una crudeza fría y áspera como la realidad que la inspira y tiene los altos méritos –raros, entre nosotros– de la insolencia y de la ambición. El ha querido trazar un fresco verídico y múltiple de Lima, una radiografía horizontal y vertical de la ciudad, tal como lo hizo con México Carlos Fuentes en La región más transparente, y lo ha conseguido en gran parte”. ¿Qué tenía En octubre no hay milagros para causar tal revuelo? Por un lado, el registro hasta entonces muy raro en la literatura peruana, del habla y las costumbres de las clases populares. Por otro, y quizá aún más impactante, la aparición de personajes gays, de jóvenes que se prostituyen para solaz de los poderosos, de cuerpos esbeltos deseados en las calles de Lima. Esto ya aparecía en Los inocentes, la colección de cuentos sobre adolescentes que convirtió a Reynoso en escritor de iniciación y a su libro en talismán. “Ahoritita le saco la mierda a ese viejo que simula ver la vitrina cuando en realidad me come con los ojos. Está mira que te mira que te mira. Pensará: camisa roja y pichón en cama. Simulo no verlo. Su mirada quema. Seguramente estoy sonrojado. Eso le gusta: inocencia y pecado”, escribe en el primer cuento. El que habla es Cara de ángel, uno de los personajes más célebres de la literatura peruana. Los inocentes tuvo una reedición definitiva en 2006, vía la editorial independiente Estruendomudo, dirigida por el muy joven editor Alvaro Lasso, que dice en charla con Radarlibros: “Decidí reeditarlo porque las ediciones que había no hacían justicia al libro. Aunque todos sabíamos que era un clásico, las ediciones tenían problemas de erratas y diseños poco llamativos que no correspondían a la agresiva belleza del texto. Entonces decidí que era necesario preparar una edición bien cuidada, y ya que estaba en ello, con material adicional. Oswaldo aceptó gustoso nuestra propuesta, y fue tan generoso que nos abrió su cajón de los recuerdos cuando le hablamos del material extra, por eso contamos con tantas fotos personales y de juventud”. ¿Qué significa Los inocentes, y por lo tanto la figura de Reynoso, para los jóvenes escritores y lectores peruanos? Explica Lasso: “Es un libro muy comentado e influyente en la última generación de narradores. Lo han leído muchísimos peruanos, y en especial gente de los estratos más bajos, gracias a que el propio Oswaldo se va de gira por los colegios de provincia todos los años. En los espacios sociales desde los cuales se dicta el canon peruano, en cambio, se le ningunea. Antes, en los ’70, se criticaba al autor por ser gay y por usar groserías en sus textos, y ahora se le critica por mantener su ideología de izquierda. Pero si hablamos de un verdadero transgresor en la literatura peruana, de un narrador que debe estar sentado en la misma fila que Vargas Llosa, Bryce Echenique y Arguedas, ése es Oswaldo Reynoso”.

02 mayo, 2009

Inéditos de Cortázar

Foto: Odile Montserrat / SYGMA / CORBIS

No hay nada que hacer, escritores como Cortázar siguen, después de muertos, generando expectativa y goce. Hace unos días salieron a la luz unas cartas, ahora, el suplemento adn Cultura, publica un anticipo exclusivo de un próximo libro con cuentos inéditos, crónicas y artículos del gran escritor argentino . Papeles inesperados es el título del libro de casi 500 páginas. ¡Una gran publicación póstuma! Aquí, el inicio del cuento Manuscrito hallado junto a una mano

Llegaré a Estambul a las ocho y media de la noche. El concierto de Nathan Milstein comienza a las nueve, pero no será necesario que asista a la primera parte; entraré al final del intervalo, después de darme un baño y comer un bocado en el Hilton. Para ir matando el tiempo me divierte recordar todo lo que hay detrás de este viaje, detrás de todos los viajes de los dos últimos años. No es la primera vez que pongo por escrito estos recuerdos, pero siempre tengo buen cuidado de romper los papeles al llegar a destino. Me complace releer una y otra vez mi maravillosa historia, aunque luego prefiera borrar sus huellas. Hoy el viaje me parece interminable, las revistas son aburridas, la hostess tiene cara de tonta, no se puede siquiera invitar a otro pasajero a jugar a las cartas. Escribamos, entonces, para aislarnos del rugido de las turbinas. Ahora que lo pienso, también me aburría mucho la noche en que se me ocurrió entrar al concierto de Ruggiero Ricci. Yo, que no puedo aguantar a Paganini. Pero me aburría tanto que entré y me senté en una localidad barata que sobraba por milagro, ya que la gente adora a Paganini y además hay que escuchar a Ricci cuando toca los Caprichos . Era un concierto excelente y me asombró la técnica de Ricci, su manera inconcebible de transformar el violín en una especie de pájaro de fuego, de cohete sideral, de kermesse enloquecida. Me acuerdo muy bien del momento: la gente se había quedado como paralizada con el remate esplendoroso de uno de los caprichos, y Ricci, casi sin solución de continuidad, atacaba el siguiente. Entonces yo pensé en mi tía, por una de esas absurdas distracciones que nos atacan en lo más hondo de la atención, y en ese mismo instante saltó la segunda cuerda del violín. Cosa muy desagradable, porque Ricci tuvo que saludar, salir del escenario y regresar con cara de pocos amigos, mientras en el público se perdía esa tensión que todo intérprete conjura y aprovecha. El pianista atacó su parte, y Ricci volvió a tocar el capricho. Pero a mí me había quedado una sensación confusa y obstinada a la vez, una especie de problema no resuelto, de elementos disociados que buscaban concatenarse. Distraído, incapaz de volver a entrar en la música, analicé lo sucedido hasta el momento en que había empezado a desasosegarme, y concluí que la culpa parecía ser de mi tía, de que yo hubiera pensado en mi tía en mitad de un capricho de Paganini. En ese mismo instante se cayó la tapa del piano, con un estruendo que provocó el horror de la sala y la total dislocación del concierto. Salí a la calle muy perturbado y me fui a tomar un café, pensando que no tenía suerte cuando se me ocurría divertirme un poco.
Debo ser muy ingenuo, pero ahora sé que hasta la ingenuidad puede tener su recompensa. Consultando las carteleras averigüé que Ruggiero Ricci continuaba su tournée en Lyon. Haciendo un sacrificio me instalé en la segunda clase de un tren que olía a moho, no sin dar parte de enfermo en el instituto médico-legal donde trabajaba. En Lyon compré la localidad más barata del teatro, después de comer un mal bocado en la estación, y por las dudas, por Ricci sobre todo, no entré hasta último momento, es decir hasta Paganini. Mis intenciones eran puramente científicas (pero es la verdad, no estaba ya trazado el plan en alguna parte) y como no quería perjudicar al artista, esperé una breve pausa entre dos caprichos pera pensar en mi tía. Casi sin creerlo vi que Ricci examinaba atentamente el arco del violín, se inclinaba con un ademán de excusa, y salía del escenario. Abandoné inmediatamente la sala, temeroso de que me resultara imposible dejar de acordarme otra vez de mi tía. Desde el hotel, esa misma noche, escribí el primero de los mensajes anónimos que algunos concertistas famosos dieron en llamar las cartas negras. Por supuesto Ricci no me contestó, pero mi carta preveía no sólo la carcajada burlona del destinatario sino su propio final en el cesto de los papeles. En el concierto siguiente -era en Grenoble- calculé exactamente el momento de entrar en la sala, y a mitad del segundo movimiento de una sonata de Schumann pensé en mi tía. Las luces de la sala se apagaron, hubo una confusión considerable y Ricci, un poco pálido, debió acordarse de cierto pasaje de mi carta antes de volver a tocar; no sé si la sonata valía la pena, porque yo iba ya camino del hotel.
(...)

También han publicado los textos inéditos: